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Hibridez

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El tránsito se parece mucho a las redes sociales. Allí, como en el facebook, la gente hace y dice cosas que no haría ni diría en ninguna otra circunstancia y que, paradójicamente, no dudará en reprobar una vez abajo del auto, de la bici o de la computadora. ¿Cuántas veces nos hemos descubierto discutiendo de manera feroz y furiosa con perfectos desconocidos por alguna maniobra mal ejecutada? ¿Y cuántas veces, una vez terminada la situación, nos quedó un sabor amargo, incómodo, crudo? De una forma o de otra estamos convencidos de que para movernos en el adverso ambiente del tránsito es necesario desarrollar un alto nivel de hostilidad para con todo el mundo.

Es que muchas de nuestras conductas en la calle se nos han hecho hábitos casi instintivos. No las reconocemos y por ello tampoco se nos cruza por la cabeza la posibilidad de cambiarlas. Es muy probable que la mayoría de los automovilistas no quieran de manera consciente invadir la senda peatonal en las bocacalles para perjudicar y entorpecer a los peatones. Sin embargo lo hacen, casi sin saberlo, desbordados de emociones negativas, sin medir lo que produce su acción. Y por ello, cuando llega la boleta -más allá de los enormes déficits de los sistemas de fiscalización del tránsito en el país- lo primero que se escucha es que “lo único que se quiere es recaudar” con las infracciones.

Futuro

Futuro

De cualquier forma, muchas de las campañas de seguridad vial no abordan con claridad la cuestión de la convivencia en el tránsito sino que centran su mirada en situaciones trágicas. A partir de imágenes con alto realismo -algunas cercanas al morbo- se nos trata de convencer de adquirir conductas correctas en el ambiente vial mediante el miedo. La paradoja es que, como parece sugerir un reciente estudio español, altas dosis de crudeza visual si bien generan una toma de conciencia inmediata del espectador al cabo de un tiempo pueden terminar inmunizando a la audiencia sobre su contenido.

Andar con miedo no es la respuesta, inclusive puede ser un obstáculo a nuestra propia seguridad y la de los otros. Además, pese a que todas nuestras conductas equivocadas o desaprensivas pueden desembocar en un siniestro de gravedad, el hecho de que esto no nos suceda cada vez que cometemos una imprudencia, puede llegar a hacernos creer que los mensajes de prevención no son más que exageraciones de los publicistas. En este contexto la bicicleta es un vehículo que por su naturaleza ofrece enormes ventajas para nuestra propia seguridad y para la de los otros, siendo la más destacada su humanidad. Para un buen ciclista urbano, andar en bici por la calle debería ser algo más importante y, por qué no, más interesante que sólo pedalear hacia adelante.

Pedaleando en el lugar del otro

Andar afinado

Andar afinado

Como revelan las encuestas sobre seguridad vial, cuando a la gente se le pregunta cómo conducen los otros, la mayoría responde que mal o muy mal. Pero cuando se pregunta sobre cómo conducen ello mismos, la relación se invierte; o sea el problema siempre son los otros. Para salir de esta trampa parece ser mejor considerar al otro no como un enemigo potencial -por cierto, los conductores agresivos son fácilmente detectables- sino como un otro más integrante del ambiente vial, atravesado por circunstancias y limitaciones parecidas a las nuestras, aunque con mayores responsabilidades si conduce en un vehículo de motor.

Por ejemplo, todos los actores del ambiente vial, incluidos los ciclistas, tienen “puntos ciegos”, espacios en los que no podemos ver de ninguna manera. Estas áreas cambian de acuerdo al tipo de vehículo del que se trate y a nuestra posición relativa respecto del otro, aunque son los camiones y los colectivos quienes tienen más puntos ciegos, sobre todo cuando giran. Por ello, al sobrepasar cualquier vehículo, es mejor cambiar nuestra instintiva pregunta de ¿paso? por ¿me va a ver si paso? Y siempre adelantarse por la izquierda ya que aumenta nuestra visibilidad y nuestro margen de manejo. Si pedaleamos atentos al otro, ya sea peatón o conductor, no sólo obtendremos maniobras más seguras sino que también vamos a rodar con más fluidez y menos estrés.

Ser más visibles

V8 y V4

V8 y V6

Para ser más visible en el tránsito hay que rodar con luces, destelladores, ropa clara y chalecos reflectivos. Estos elementos son fundamentales a toda hora del día para que los peatones y los conductores nos puedan ver. Pero ser visibles también es una práctica de comunicación. Adoptar el hábito de transmitir con tiempo y claridad nuestras maniobras, inclusive las más sencillas, avisar de los obstáculos que percibimos y agradecer con el pulgar si nos ceden el paso aún cuando tengamos derecho, brinda a los otros información precisa sobre nuestra posición e inclusive sobre nuestra disposición. Comunicarse más y mejor con los otros, además constituir un gesto cordial y tranquilizador que será íntimamente agradecido, hace que los peatones y conductores nos vean bien y procesen con más tiempo lo que vamos a hacer. Y en el tránsito, más tiempo es más seguridad.

El derecho a ir un poco más lento

No lo ví

No lo ví

La bicicleta es un vehículo lento aunque si lo medimos en velocidades medias en horas pico, ella puede ser más rápida que todos los vehículos motorizados. Más allá de esto, como vehículo lento, su lugar de circulación es preferentemente el carril de la derecha. ¿Pero cómo? Lo primero es rodar a una distancia cercana al metro y medio de los autos estacionados o del cordón. Esto nos permitirá obtener más espacio de maniobra para evitar cualquier obstáculo que se presente -principalmente las fatídicas puertas de los autos- y nos hará más visibles. La otra gran ventaja de asumir esta distancia es que ello desalentará a muchos automovilistas a que nos pasen “finito”, ya que tendrán que sobrepasarnos cambiando de carril o cuando haya espacio suficiente para hacerlo (resignémonos, a los que le gusta pasar cerca, lo harán igual, estemos donde estemos). !Ah¡ Además es nuestro derecho ya que la ley de tránsito vigente en todo el país señala que en vías multicarriles, el tránsito debe circular por “un mismo carril y por el centro de éste” (art. 45. Inc. b. LEY 24.449).

Más que consejos proponemos cambiar el enfoque de nuestro rodar en el tránsito como ciclistas, pero también como conductores y peatones. El desafío sin dudas es revalorizar el lugar de nuestro cuerpo donde ponemos el casco, también conocido como la cabeza y hacerlo actuar en la marcha cotidiana. No sólo para enjuiciarnos sobre lo que hacemos mal o bien, sino principalmente para entender por qué hacemos lo que hacemos y comenzar a cambiarlo. Y en ese cambio, además de asumir una actitud crítica con nuestros comportamientos y con los de los demás, intentar disfrutar de nuestra estadía en la calle.

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*Una versión de esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI en la edición de Setiembre de 2013

Wives-on-BikesEsta vez es la vez, no lo pienses más. No se te pasó la hora ni es tarde para aprender a pedalear.

Los domingos 3,10 y 24 de agosto vamos a hacer  tres encuentros para lograr andar en bicicleta. La actividad, como siempre, es libre y gratuita y solo requerirá un poco de compromiso, buena onda y unos mates para combatir el frío. Nos encontramos los tres domingos a las 15.30 en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía para hacer que el andar suceda.
Si bien tener bici no es obligatorio ni necesario, si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Y si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
Nos vemos el 3.
En este link, una crónica de encuentros pasados.

Todas las mañanas la televisión y la radio nos despiertan con la enumeración de hechos viales ocurridos en distintos puntos de nuestro país, en donde los cronistas hacen más hincapié en las demoras en el tránsito que en explicar lo sucedido. Pero, más allá del mar de palabras televisadas ¿es correcto y claro llamar accidentes a todos los accidentes de tránsito?

Cruces

Cruces

Cuando Mónica Gangemi afirma que es fundamental abandonar la palabra accidente para nombrar a los siniestros viales; lo dice desde una experiencia y una convicción muy profunda. Mónica es la madre de Úrsula Notz, una adolescente que perdió la vida en un siniestro vial el 22 de mayo de 2005 y es también la presidenta de la “Asociación Civil Compromiso Vial por Úrsula Notz y Carla Alfaro”; una reconocida ONG de Rosario que trabaja en la prevención y lucha contra toda forma de violencia vial. Como la mayoría de las asociaciones de víctimas de tránsito, señala que “la acción de nombrar estos hechos no es un acto neutral ya que producen efectos políticos y subjetivos”. Comenzar a utilizar colisiones de tránsito, siniestros de tránsito o directamente choques en vez de “accidentes”; es la condición para dejar de percibirlos como hechos fortuitos y reponer la dimensión humana sobre estos sucesos.

Mónica Gangemi también apunta al relevante papel que todos los medios de comunicación deben jugar para cambiar nuestra cultura vial. “Es necesario que los medios de comunicación brinden información completa y contextualizada de los hechos de tránsito cuando suceden, para aumentar el grado de conciencia vial de la sociedad. Los datos por sí solos no interrogan, ni aunque sean datos escalofriantes; por el contrario, el sensacionalismo impresiona y no permite adquirir una actitud reflexiva, que es el primer paso de la concientización vial” señala.

CIelo

CIelo

Otro aspecto importante en la comunicación de los siniestros de tránsito es la necesidad de que los medios de comunicación realicen un seguimiento en el tiempo de la noticia vial. “La pregunta sobre qué pasó con ese hecho, qué sucedió con las víctimas y sus familiares, qué sucedió con él o la responsable y qué características tiene el proceso judicial. Divulgar estos aspectos, muchas veces relegados en la comunicación de la noticia es fundamental ya que amplía la perspectiva y suministra información a otras personas que quizás se encuentran en una situación similar” señala Gangemi. Pero, mientras que por lo general los medios olvidan a la tarde los siniestros viales que informaron a la mañana; son los familiares de las víctimas de siniestros de tránsito y sus organizaciones las que sostienen la lucha por la verdad, la justicia y contra la impunidad de estos hechos.

La Memoria como Prevención

Las Bicicletas Blancas, también conocidas en inglés como Ghost Bikes, son intervenciones urbanas impulsadas a nivel global por colectivos del pedal, junto a familiares y amigos de ciclistas víctimas de un siniestro vial. El objetivo de las bicis blancas es construir un sitio de memoria en el lugar donde un pedalista perdió la vida. Aunque cada bici blanca es una obra única; los memoriales siempre contienen una bicicleta pintada de blanco junto a una placa o foto que recuerda al ciclista y lo que allí sucedió. Estos sitios de memoria son rápidamente apropiados por vecinos y pobladores cercanos, quienes suelen cuidar su integridad y, al igual que muchas de las Estrellas Amarillas presentes en las calles y rutas de nuestro país, se convierten en parte del patrimonio cultural de la ciudad.

Bicicleta Blanca en Posadas, Misiones. Foto Marcos Otaño. Diario El Territorio

Bicicleta Blanca en Posadas, Misiones. Foto Marcos Otaño. Diario El Territorio

La primer bicicleta blanca apareció en la ciudad de Saint Louis (U.S.A.) en el año 2003 y hoy, de acuerdo a los registros del sitio www.ghostbikes.org, existen más de quinientas bicicletas blancas alrededor de todo el mundo. En América Latina se las encuentra en Ecuador, Brasil, México y desde hace unos meses en Argentina, más precisamente en la provincia de Misiones. El 16 de junio de 2013, bajo la consigna ¡¡Ni una bicicleta blanca más en las calles!!, el colectivo ciclista “Usá la Bici, Pedaleá la Vida” de la ciudad de Posadas con el apoyo del bicicletero Héctor Bernal, la gente de A4 Producciones y familiares y amigos, instaló la primer bicicleta blanca de la que tengamos registro en el país.

La bici blanca posadeña recuerda y homenajea al ciclista Juan Ramón Gómez, conocido como “el uruguayo”, quien falleció en enero de ese año en la esquina de Quaranta y Jauretche; esquina que, no por casualidad, ya tiene instalada una Estrella Amarilla. Para Rosana, hermana de Juan, “esta bici blanca significa muchas cosas, él trabajaba en la bicicleta, era su vida, su pasión. Juan estaba comprometido con su carrera, con cuestiones sociales; es como que a pesar de que él no esté, sus ideales siguen, él sigue luchando. También significa tomar conciencia, que la gente vea lo que sucede en la calle”. Juan tenía 31 años, trabajaba y era estudiante de la carrera de comunicación social de la Universidad Nacional de Misiones. Como contó su madre aquel día ante los medios:“Juan vivía en la bici desde pequeño y nunca quiso comprarse una moto. Esta bicicleta blanca también sirve para que la policía y la justicia avancen en la investigación, porque está todo muy lento”.

Foto Miriana Andrés

Foto Miriana Andrés

Las bicicletas blancas no quieren infundir miedo o desesperanza a quienes pedalean diariamente. Por el contrario, tienen la intención de hacer reflexionar a todos los habitantes del universo vial sobre las situaciones de violencia a las que diariamente estamos expuestos y que, en muchos casos, podemos producir. Situar, señalar y reconocer estos hechos es clave para la construcción de una memoria colectiva que nos advierta y nos prevenga sobre las terribles consecuencias que tienen las conductas violentas con el otro en el ambiente vial. Y también son un hito en el permanente reclamo de justicia sobre lo allí sucedido, porque es sólo con justicia que puede obtenerse la necesaria reparación, no sólo para los familiares y amigos de las víctimas de los hechos de tránsito, sino para toda la sociedad.

El ejemplo de muchos de los familiares de las víctimas, que han transformado su dolor en testimonio, en luchas concretas contra la impunidad y en esfuerzos por mejorar las leyes y las instituciones que regulan la convivencia vial, es una inspiración al colectivo ciclista para involucrarse en la construcción de un ambiente vial más pacífico, más seguro y sin impunidad. Para que nuestro diario pedalear, se convierta también en un homenaje sincero a todos los que fueron víctimas de la violencia vial.

Agradecemos especialmente la colaboración de Ana Victoria Espinoza por los testimonios, como a Marcos Otaño y al diario El Territorio de Misiones por las fotografías.

*Una versiòn de esta nota se publicó en la Revista Ciclismo XXI en noviembre de 2013

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1Que estás grandecito para eso de la bici… Que estás crecidita para eso de aprender ahora…Que ya se te pasó la hora, que ya es tarde… Que te encantaría pero… pero…pero…

Este Domingo 9/3 a las 16 nos juntamos en Av. San Martín y Nogoyá para entrar al parquecito y empezar a hacer que el andar en bicicleta simplemente suceda.  La actividad es libre y gratuita, solo requiere un poco de compromiso, buena onda y mate con bizcochos.

Si bien tener bici no es obligatorio, si algún participante tiene manera de conseguir una para usar en la jornada, la misma será muy bienvenida. Quienes quieran participar solo le pedimos que confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com . Y si llueve lo pasamos para el próximo domingo.

Les dejamos una crónica sobre encuentros anteriores, como para ir viendo de que se trata.
http://ciclofamilia.wordpress.com/2012/11/25/un-encuentro-para-salir-andando-3/

Demoliendo Hoteles

Demoliendo Hoteles

El notable aumento de ciclistas urbanos en las grandes ciudades del país constituye una excelente noticia, no sólo para la siempre sufrida industria del pedal, sino también para un tránsito violento y colapsado. Sin embargo, la muerte de Reinaldo Rodas en un siniestro que involucró a un conocido periodista en estado de ebriedad al volante y la arremetida de un taxista contra los participantes de la Masa Crítica Nocturna en Buenos Aires, entre otros episodios, despertaron un enorme debate virtual y mediático en el que se volvieron a escuchar muchas frases hechas contra la gente del pedal. “Los ciclistas no respetan nada”, “la bicicleta es peligrosa” o el permanentemente escuchado “vayanse a la bicisenda” entre otras, fueron parte del repertorio con el que muchos abordaron la cuestión de la bici en el tránsito.

Pero ¿son estas frases justas? Si bien ser ciclista no implica necesariamente poseer una catadura moral distinta al resto de los mortales ¿qué tan reales son estas afirmaciones? ¿Son prejuicios infundados? ¿La bici es realmente un problema en él tránsito? ¿Será que la mayor presencia de bicicletas en el tránsito es sentida como una amenaza a la circulación motorizada? Este momento de crecimiento del ciclismo en todas sus vertientes impone nuevos desafíos a toda la comunidad de la bici, del que quizás el más importante sea aportar a la construcción de un tránsito más humano. Para afrontarlo, nada mejor que revisar el “sentido común vial” y ver qué parte de estos dichos sobre la bici es justo y qué parte no son más que simples y banales prejuicios…

Hun

De ciudadciclista.org/

Mito 1 “Las calles son solamente para los autos” La gran expansión de ciclistas cotidianos sucede en un ambiente vial cuyas normas e infraestructuras han sido hechas para el uso veloz del automóvil. Aún así, las calles, avenidas y autopistas, además de ser el lugar asignado a la circulación de todos los vehículos, son parte del espacio público al que todos tenemos derecho a acceder en la mayor igualdad de condiciones posible. Así lo afirma la Organización Mundial de la Salud cuando plantea que el tránsito es principalmente una cuestión de equidad social y advierte que sobre los peatones y los ciclistas recaen “una proporción desmedida de los inconvenientes del transporte motorizado en cuanto a lesiones, contaminación y separación de las comunidades”.

Por ello es interesante que exista un “auge” en las grandes ciudades argentinas de ciclovías y bicisendas que ha favorecido la incorporación de muchos y nuevos ciclistas. Sin embargo estas infraestructuras, al superponerse a las ya construidas, sufren a veces de problemas parecidos a los anteriores a su construcción. Tal es el caso de las bicisendas porteñas cuando aparecen obstáculos en el camino – muchas veces puestos por el mismo gobierno de la ciudad paradójicamente – y la capacidad de maniobra del ciclista se reduce al mínimo, obligándolo a subirse a la vereda o a circular de contramano.

Llovido y mojado

Llovido y mojado

Más allá de peores y mejores diseños de estas vías, es probable que mucha de las infraestructuras para las bicis, que tanta polémica han generado, no fueran necesarias si por ejemplo el grueso de los conductores respetaran las velocidades máximas. Por ello, los gobiernos deben esforzarse en mejorar la sensibilización sobre la violencia vial y establecer penas claras, rápidas y contundentes para quienes opten por no respetar al otro en el tránsito. Esto, junto al desarrollo de obras amigables para las bicis y los peatones de seguro resultarán en calles más seguras, inclusive para los automovilistas, motociclistas y otros conductores. No hay que olvidar que lo que cultura no da, infraestructura no presta…

Give Bike a Chance

Give Bike a Chance

Mito 2 “La bicicleta es peligrosa” Pese a que en las horas pico la bicicleta puede alcanzar velocidades medias muy superiores a la de los atascados automovilistas, la bicicleta es un vehículo lento. Pero esta lentitud relativa, además de proporcionar bienestar físico y espiritual a quienes pedalean; tiene efectos prácticos muy concretos en el tránsito que hace de la bici un vehículo muy seguro. Mientras más lento circulamos, más tiempo tendremos para reaccionar frente a cualquier imprevisto; por el contrario cuanto mayor sea la velocidad que llevemos, más graves serán las consecuencias de la colisión. Si a esto le agregamos el hecho de que la energía puesta en movimiento por la bicicleta es mucho menor a la de cualquier otro vehículo a motor, resulta claro que aún conducida por un exaltado, la bicicleta es además uno de los vehículos más seguros para los otros habitantes del ambiente vial. Por más máquina o buen estado físico que tengan los ciclistas, pocas veces podrán alcanzar siquiera las velocidades máximas permitidas…

Rack

Rack

Mito 3 “Los ciclistas no respetan nada” Esta creencia extendida no parece ser tan cierta según el Segundo Relevamiento Nacional de Conducta Vial en la Argentina, realizado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Este estudio reveló que los peatones y ciclistas registran un alto grado de apego a conductas responsables al transitar por las calles. Para éstos, los indicadores distractivos -o sea toda conducta que atenta contra la necesaria atención para andar en el ambiente vial- son muy bajos en comparación con los observados en automovilistas. A este último grupo se le preguntó si se colocaban el cinturón de seguridad; el 84,8% respondió que lo utilizaba siempre o casi siempre, sin embargo solo se pudo registrar un 37,8% de uso efectivo del cinturón.

Si bien resulta obvio que no todos los automovilistas se comportan de una manera indolente, el hecho de que el ambiente vial sea “autocéntrico” permite a la mayoría de los conductores hacerse de algunas ventajas que ponen a los demás habitantes de la calle en una situación injusta. Por más que los peatones sepan que siempre tienen derecho de paso, pocos se atreverán a ejercerlo frente a un vehículo que cruza la esquina sin frenar. Aunque en este asunto de respetar a los peatones, los ciclistas tengamos que mejorar y mucho…

9 de Julio

9 de Julio

Por un tránsito para todas y todos Las bicicletas ya son parte del paisaje vial de las grandes ciudades de la Argentina y llegaron para quedarse. Cada vez más, los ciclistas rompen su anonimato y se encuentran, no solo en las redes sociales, sino en las bicisendas cotidianas, en las numerosas salidas de fin de semana y en las coincidencias de Masa Crítica -presente en varias ciudades del país- reclamando al pedalear su derecho a compartir el camino con todos. Este enorme movimiento, que ha puesto a nuestro noble vehículo sobre el tapete público, debe ser aprovechado por los ciclistas y por la sociedad para hacer de la calle un lugar habitado por personas a bordo de vehículos y no al revés. Un lugar donde los ciudadanos y ciudadanas, además de poseer las habilidades necesarias para conducir, respeten y reconozcan al otro y encuentren felicidad al hacerlo en vez de un obstáculo que evitar o alguien en quien descargar su bronca.

Verdadero anarcociclismo

Verdadero anarcociclismo

*Una versión de esta nota la publicamos en el número de mayo de la Revista Ciclismo XXI

taller1Que estás grandecito para eso de la bici… Que estás crecidita para eso de aprender ahora…Que ya se te pasó la hora, que ya es tarde…

Que te encantaría pero… pero…pero…

Ciclofamilia y La Fabricicleta se suben a la utopía de hacer andar las cosas.

Los próximos sábados 12 y 19 de octubre, como siempre a las 16, nos volvemos a juntar en Av. San Martín y Nogoyá (entrada del predio de Agronomía) para  que te saques las ganas de pedalear y el andar por fin suceda.

Ya son much@s los amig@s que lo lograron ¿por qué no podés ser vos?

La actividad es libre y gratuita, solo requiere un poco de compromiso, buena onda y mate con bizcochos.

Tener bici no es obligatorio, pero si tenés manera de conseguir una para usar en la jornada, la misma será muy bienvenida. Quiénes quieran venir, les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con tu nombre. Si llueve lo pasamos para el próximo sábado.

Es hora de tener un poco viento en la cara.

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En la Masa Crítica

Existen al menos dos leyendas sobre el surgimiento del monociclo entre mediados y finales del siglo XIX. La primera afirma que los velocípedos -antiguas bicicletas hechas con una rueda gigante, una pequeña rueda posterior y pedales en el eje delantero- tenían una predisposición a que se les levantara la ruedita trasera; lo que habría estimulado a los velocipedistas a dominar la destreza de rodar sin ella y convertirse así en potenciales monociclistas. La otra, cuenta que en 1861 el italiano Allessandro Scuri al no poder reparar el cuadro de su velocípedo decidió cortarlo para andar en una sola rueda y dejar inventado, quizás sin quererlo, el monociclo.

monociclo

¿Transporte?

Historias aparte, andar en monociclo es algo muy distinto a pedalear en bicicleta, según dicen los monociclistas consultados. Si bien algunas habilidades de la bici ayudan, como saber andar sin manos, Tomi (25) integrante de la revista “El Circense” (www.elcircense.com), afirma que en el monociclo “hay que tener cierto eje para no caer, porque al no poder uno sostenerse con los brazos, no hay mucha estabilidad”. Para él, lo primero que hay que comprender para subirse a un monociclo es que, a diferencia de la bicicleta, la principal destreza a desarrollar es la de sentarse y mantenerse quieto en vez de andar. Para poder comenzar a rodar, el monociclista inclinará el pecho hacia el frente y empezará a pedalear intentando mantenerse en equilibrio, mientras realiza una plástica danza de contorsiones y compensaciones.

Una vez lograda la marcha, el monociclista obtiene el don o la magia de capturar las miradas de transeúntes y espectadores. Sebastián, miembro de la “Compañía Artística Circopate” (www.circopate.blogspot.com.ar), cuenta que casi todos los artistas de calle usan un monociclo porque “donde aparecen, la gente dice ¡llegaron los payasos!”. En la misma dirección, Tomi afirma que “el monociclo está asociado a los artistas que hacen semáforo o funciones de calle” porque son los más nómades y hacen del monociclo parte de su identidad.

Fabricar un monociclo

Foto Gonzalo Espinosa

Foto Gonzalo Espinosa

Vinculado desde hace muchos años con la industria de la bicicleta, Guillermo León (67) es el fundador de monociclos Skorpios, la principal fábrica de monociclos del país. Según relata, a mediados de los noventa comenzó a producirlos un poco por casualidad, a pedido de un vecino de su bicicletería del barrio de Flores. Para esa época, se iniciaba en Buenos Aires la movida de las funciones callejeras, junto a las primeras convenciones nacionales e internacionales de artes circenses. “Conocí la gran confraternidad de la gente que actúa y trabaja con estos elementos, lo agradable del ambiente y me entusiasmé en fabricarlos” recuerda.

Guillermo se contactó con don Vito Sonante, un muy conocido fabricante de partes de bicicletas, dueño de la famosa Visson; quien durante los años setenta fabricó monociclos para usarlos como aparatos de gimnasia y como medio de traslado en distancias cortas. “A pesar de que tenía una troupe de chicos que llevaba a cuanta competencia ciclística había para hacer demostraciones de monociclismo, no logró imponerlo comercialmente por lo que desactivó el producto y vendió la matricería como chatarra” cuenta. Pero los asientos sobrevivieron, por ello los primeros monociclos Skorpios salieron con los asientos “V.S”, aunque ahora los sillines son de fabricación propia.

En la actualidad Skorpios produce una gran variedad de monociclos tanto en rodado 20” como en 24´ y 26´. También fabrica distintos tipos de monociclos para diferentes especialidades, monociclos jirafa y uno especialmente diseñado para los artistas que hacen semáforo en la calle: la jirafa enana. “Si un chico va con una jirafa de 1,70 m. no puede pasar la gorra, pero con una jirafa de 1,30 m., sin bajarse puede acercarse a los distintos vehículos. Esta jirafita tiene mucha salida” señala Guillermo.

Por la ciudad en monociclo

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Foto Agustín Ibarlucía

Un poco para entrenar de cara a las funciones y otro poco por simple placer, Sebastián de Circopate se propuso que a donde fuera, iría en monociclo. “Te lleva el triple de tiempo que la bicicleta pero lo bueno es que le robo una sonrisa a todo el mundo y nunca falta el que tira chistes del tipo `¡se te perdió una rueda!´. Además lo puedo cargar en el colectivo sin problemas” dice Sebastián. También a Ricardo (39) -un argentino desarrollador de software radicado en San Francisco- los transeúntes, entre asombrados e incrédulos, le disparan comentarios a su paso tales como ¿no te alcanzó la plata para la otra mitad? “Creo que la que más me hizo reír fue ¿Hace willie?” recuerda.

Foto Tom Holub

Foto Tom Holub

A diferencia de otros monociclistas, Ricardo admite que no tiene un gran pasado ciclista. A él lo que le gusta del monociclo es que “gastas energía todo el tiempo y además se puede hacer de todo ahí arriba, desde jugar al básquet, hacer carreras, monociclismo de montaña, artístico, street, entre otras especialidades. Y por cierto ocupa muy poco lugar”. Anduvo con su monociclo por las bicisendas de Buenos Aires, por sus calles poco transitadas o de veredas anchas y hasta más de un ciclista lo ha visto pedalear por el circuito KDT o en la Masa Crítica a bordo de su monociclo rodado 36´. Ricardo opina que el transporte personal en monociclo es posible y hasta recomendable -“yo lo hago todo los días” afirma, aunque no cree que el monociclismo sea la evolución del ciclismo urbano. “Pero uno nunca sabe…” advierte.

Foto Agustín Ibarlucía

Foto Agustín Ibarlucía

Esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI del mes de octubre de 2012

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