Las mujeres sufragistas de finales del siglo XIX y principios del XX -llamadas así porque reclamaban su derecho a votar en las elecciones y a participar en la vida política en los Estados Unidos y Europa – fue el primer colectivo social que hizo de la bicicleta un símbolo y una herramienta clave en la lucha por sus derechos. A diferencia de lo que creen los funcionarios porteños del programa de bicicletas, las mujeres de aquel entonces, como las de hoy, usaban la bicicleta no para ir al shopping sino como una forma de afirmar sus derechos e irrumpir en la arena social. En ese largo e inconcluso camino se inscribe el 8 de marzo y esta historia que, cien años después, enlaza a la Masa Crítica Global con las primeras feministas; mucho, pero mucho antes de que las luchas sociales fueran excusas paras descuentos en casas de moda.
Bicis, Votos y Mr. Churchill
El martes 13 de agosto de 1912 los londinenses leyeron en los titulares de los diarios, quizás con sorpresa, que Winston Churchill -primer Lord del Almirantazgo en ese momento- tuvo “un desagradable encuentro” con dos mujeres sufragistas que encontraron una “temeraria manera de entrevistarse con el Sr. Churchill” según reza el Daily Chronicle. “Si el señor Churchill hubiera ido más rápido, la absurda locura de estas mujeres habría terminado en un accidente fatal” agregaba la crónica. Para los londinenses las supuestas actitudes temerarias de las sufragistas no eran novedad. Todavía resonaban los ecos del “Viernes Negro” de 1910, donde trescientas mujeres de la Women’s Social and Political Union se manifestaron en contra de las dilaciones injustificadas en el tratamiento del voto femenino y recibieron una feroz represión, seguida de cárceles y persecución.
Dos años después de aquella movilización, dos mujeres de vacaciones en Ramsgate (sus nombres se pierden en la luz de la historia, quizás por las consecuencias que podrían haber sufrido) salieron en sus bicicletas a disfrutar de un picnic por las cercanías de Sandwich Bay. Mientras preparaban el té a la vera del camino, descansando de la pedaleada, vieron pasar un automóvil a toda velocidad que transportaba al joven Winston Churchill rumbo la casa del Señor Astor, donde este se encontraba de vacaciones. Según cuentan ellas mismas, esperaron de manera paciente el regreso del Lord para poder entrevistarse con él y plantearle sus reclamos, pero el miembro del gabinete no volvió a aparecer por allí. Al día siguiente, mientras preparaban las bicicletas para seguir de paseo, lograron ver en una casa de la bahía a dos personas que intuyeron los guardaespladas de Winston y comenzaron a acercarse hacia ellos, con la intención de lograr una entrevista con el funcionario; pero no lo lograron y otra vez el Lord motorizado volvió a pasar raudo de la casa de sus vacaciones hacia el club de golf. Luego de confirmar que el traslado se repetía cotidianamente y que en esas circunstancias la ansiada entrevista resultaría imposible, las ciclistas sufragistas optaron por otra estrategia de acercamiento.
El lunes por la tarde, tomaron posición al costado del camino con la persistente esperanza de cruzar a Churchill. Según contaron en la edición del 16 de agosto del periódico “Votes for Women”, “mientras preparábamos el té vimos el auto del Lord del Almirantazgo y aprovechando nuestras bicicletas nos lanzamos a la carretera y le cerramos el paso”. El automóvil tuvo que frenar y quien luego prometería “sangre, sudor y lágrimas” no tuvo más remedio que escuchar los reclamos de las sufragistas a pedal. Luego, el coche se fue, ellas volvieron al té y mientras lo bebían recibieron a un mensajero de Churchill quien les trasmitió lo profundamente perturbado que el miembro del gabinete se encontraba por el episodio y el daño que podrían haber sufrido producto de semejante actitud. “Para las sufragistas en cuya memoria permanecía el recuerdo del Viernes Negro, las consideraciones del Lord estuvieron fuera de lugar” dice “Votes for Women” y concluye que como las bicicletas pueden arruinar la maquinaria del automóvil, esa quizás haya sido la preocupación principal del joven Lord frente a este episodio.
Doscientos años después de estos sucesos las bicicletas sigue siendo una poderoso vehículo de emancipación y una inmejorable herramienta para todas y todos los que insisten en frenar el tránsito de la injusticia y la inequidad vial para hacerse oír entre tanto ruido.






























