Una frase bastante común en nuestro país, aunque también en otros, versa sobre la nacionalidad o filiación del Supremo. “Dios es argentino” o “Dios es de Boca” son tópicos que remiten a una suerte de milagro o redención fuera de serie en las cosas de los hombres. Estas afirmaciones son absolutamente imposibles de comprobar tanto como la existencia misma del Creador. Sin embargo no debe escapársele al asiduo participante Masacritiquero que al menos en los últimos cinco o seis encuentros el clima fue indiscutiblemente espectacular; lo que desafía a cualquier serie meteorológica. Es muy probable que Dios no exista, pero al menos la evidencia sugiere que Él quiere que se pedalee en Masa Crítica Buenos Aires bajo un clima siempre cálido y agradable todos los primeros domingos de mes a las 16 desde el obelisco.
En los caminos que fuimos improvisando con el Shala antes de la Masa deseábamos que cada ciclista que se cruzara en nuestro rumbo confluyera con nosotros en el obelisco. Si bien por Av. La Plata vimos una pareja que indiscutiblemente se dirigía al encuentro (los delató un cajón de plástico reciclado de artesanales colores colocado en los portaequipajes de las bicis), otros pedalistas vestidos de paisano que nuestra memoria reconoció fueron también parte de la numerosa y diversa largada.
Sino cómo explicar que otra vez la concurrencia haya superado largamente en el comienzo a los muchos mas de seiscientos decididos. Tan decididos como los ciclistas misioneros que aparecieron en la última Masa Crítica del Parque Centenario -que arranca los primeros viernes de mes desde el parque homónimo- pedaleando desde Posadas. Uno de ellos, según le entendimos a Pescau, parece ser hijo de “Don Firpo”, mito viviente del ciclismo misionero. Este hombre sigue pedaleando por la bella y colorada Posadas con ayuda de un invento llamado “rolo” que no hemos podido descifrar ni encontrar un modelo en la enciclopedia global.
Tuvimos la suerte de charlar y conocer nuevos amigos muchos de ellos ya virtuales como la huertista urbana Clarisa, una de las inspiraciones del post sobre Mujeres y Bicicletas en Buenos Aires. Esperamos seguir compartiendo ideas para plantar alimentos que lentamente desafíen al agio y la especulación. Más tarde conocimos a Leo, con quien hemos discutido por los chats sobre los distintos avatares de la industria bicicletista local y algunas otras cuestiones. Compartimos una larga charla con Francisco sobre el ciclismo europeo de ruta de los años setenta, tema que no hemos logrado entender por qué no ocupa los grandes titulares de la opinión pública internacional. Nuestra conclusión es que existe alguna mano negra detrás de este silencio.
La largada por Nueve de Julio fue arrastrando al pelotón otra vez hacia la autopista Illia. La Masa ya subió una vez hace solo dos encuentros y a algunos les aburre un poco volver, sobre todo porque ese camino lleva irremediablemente a la Av. Costanera también visitada numerosas veces. No por nada muchos dicen de estas infraestructuras que por ellas “vas como por un tubo”. Algunos ciclistas extrañan no poder trasmitirle a los ocasionales porteños lo que podría ser una ciudad con más bicicletas y menos autos y sienten que por allí se autoconsume el esfuerzo de la utopía rodante.
Al barrio chino siguiendo al Conejo Blanco
No creemos posible que haya sido el camino del Tao el que llevó a los participantes y sus bicicletas a saludar a la comunidad china en el comienzo del año del Conejo de Metal. Existe una profundidad abisal que separa a los occidentales de a pie o en bici del entendimiento profundo de la filosofía y mas precisamente de la astrología china. Por eso es que especulamos que la Masa apareció pedaleando en el barrio Chino no por la disposición del animal que gobierna el año sino mas bien por una repentina aparición -o alucinación producto de alguna ingesta de los de adelante- del célebre y apurado Conejo Blanco, en cuya madriguera se encuentra el pasadizo que atravesó Alicia para entrar al País de las Maravillas. Solamente que esta vez el animal no nos llevó a la presencia de la reina de corazones sino a calles sin salida por Blanco Encalada generando una original situación con una resolución peatonal y alegre; muy lejos de otras Alicias argentinas.
El agua del río en Vicente López, ahora presa del vial costero, disipó a la Masa en una tarde que refrescaba. Ese viento frío, heredero del mar; nos fue juntando a los rezagados por convicción para rodar juntos hacia la fiesta de La Fabricicleta en Villa Urquiza. Lo que pasó allí quizás sea tema de otro posteo. Solo diremos que los niños suelen alertar a los adultos sobre la energía de las gentes y sus lugares como algunas plantas lo hacen con la presencia de sal o agua en la tierra. Por eso dejamos constancia que nuestro amado Shala paseó, se sentó y compartió feliz sus papitas fritas con todos los amigos presentes en La Fabricicleta. Ya en nuestro hogar, le contó a la Flaca en su media lengua pero con una alegría completa los detalles de este lugar donde se acumulan partes de bicicletas, muchas herramientas y se proyecta la “peli de la carrera de bicis” mas conocida como “Las Trillizas Belleville”. Por suerte, al compartir tanto entusiasmo con su madre y su hermano logramos cómplices, un poco de indulgencia por la hora de nuestra vuelta.







buena buena buena crónica!