Según afirman algunos estudiosos, ha sido el bipedismo (antesala evolutiva del ciclismo) lo que nos ha hecho humanos de muchas maneras. Por ejemplo, la adaptación fisiológica para caminar estrechó el canal de parto de las hembras de tal forma que, entre otras consecuencias, nos dejó con crías menos preparadas para la supervivencia. Este hecho determinó que las descendencias pasaran mas tiempo con sus madres que el resto de las especies y favoreció nuestro ser social. Aquellos primeros hombres ya erguidos y en grupos, descubrieron que podían cubrir distancias impensadas para otros mamíferos con su propia energía y que en dirección al horizonte el mundo era vasto y posible; lleno de nuevos sabores, de nuevas texturas; de nuevos refugios.
En el deambular del Feisbuk, tuvimos la suerte de conocer a los Vogel, innegables herederos de estos primeros viajeros tribales. Los Vogel son una familia de Idaho (USA) que hace algo así como dos años y medio emprendieron la aventura de pedalear en familia desde Alaska hasta Ushuaia. Hace poco llegaron con sus bicis y alforjas al fin del mundo o al comienzo. Allí Daryl y Davi Vogel -ambos de doce años- se hicieron dueños del record Guiness por ser las personas de menor edad en completar una travesía panamericana en bicicleta. Los papas Vogel, docentes ambos, no se preocuparon por la escolaridad institucionalizada de sus hijos. Embuidos de la larga tradición norteamericana del “house schooling”, que seguramente cuestionaríamos desde nuestra latininidad; se lanzaron a pedalear en la confianza de que su aventura sería tan enriquecedora para sus hijos como ir todos los días a la escuela.
En las recomendaciones que comparten en su página web sobre cómo organizar un viaje semejante, parece revelarse algo de la economía existencial y puritana de los colonos que poblaron Idaho. Los Vogel sostienen que si uno abandona gastos diarios superfluos es posible ahorrar y financiar cualquier aventura como la travesía panamericana valuada en unos U$S 70.000. Pero no es el ahorro la única fuente de financiación de sus viajes. Como buenos emprendedores, la familia Vogel se ha conseguido distintos tipos de esponsoreos; desde marcas y empresas hasta estoicos donantes individuales que les aportan centavos por cada milla recorrida. Los Vogel difunden su aventura ciclística con el fin de animar a otros a viajar y vivir con sus hijos mientras los habitantes del mundo que recorren, convencidos de la eternidad de su juventud, envejecen sin remedio.
El gris mundo de los adultos
El envejecimiento global es un fenómeno que aqueja a la humanidad y su extensión como fenómeno ha roto algunas leyes de hierro de la demografía. Según la ONU entre los años 2000 y 2050 la proporción de personas mayores de 60 años aumentará a más del doble en todo el globo e igualará la proporción de niños menores de 14 años. El resultado de esta segunda transición demográfica será que la proporción de personas mayores y de jóvenes en el planeta será la misma por primera vez en la historia de la humanidad. Este mundo de adultos mayores contiene numerosos desafíos entre los que se destacan los problemas asociados a los sistemas de seguridad social y la salud. ¿Será que tendremos que trabajar hasta los 75 años para poder tener un sistema de jubilaciones sustentable? ¿Nos encontraremos sanos a esa edad como para seguir trabajando? ¿Quién nos cuidará si casi todos seremos viejos? ¿Podremos hacer los grandes cambios en la forma de producir y distribuir la riqueza antes que la edad nos imponga la resignación?
Estamos a tiempo de tratar de cambiar este posible mundo gris y envejecido. Para ello lo primero que hay que transformar es la visión social de los hijos como una carga que deben sobrellevar los padres en soledad. Este cambio perceptivo, además de requerir políticas más audaces en materias tradicionales como los ingresos de l@s trabajador@s, más subsidios y mejores licencias por maternidad/paternidad y mejores sillitas para bebe en las bicicletas; también debe implicar que l@s chic@s dejen de estar a un costado del escenario de la vida para simplemente entrar, con sus tiempos y sus formas, en la escena existencial.
Lejos en el tiempo, en las tribus primeras en donde conseguir la comida y el vestido no se llevaba todo el tiempo vital, los hijos destetados salían a cazar con la tribu. Nadie les pedía que atraparan a un mamifero de porte, pero ellos estaban incluidos en las actividades del grupo, en el centro de su reproducción, como en el viaje de los Vogel. Hoy, la escuela, los clubes y los peloteros se han especializado en contener, enseñar y entretener a nuestros chicos y chicas pero en ese mismo momento nos hemos alejado de las actividades compartidas, enriquecedoras y divertidas para todas las generaciones.
Quizás en el mundo a construir, en el que los Vogel de alguna forma parecen pedalear, el gerente renombrado, el artista destacado o el líder social les dice a l@s trabajador@s y compañer@s, que la labor está, que por hoy se termina, que en dos horas cierran las calesitas, que el día invita a la plaza o al cine. La familia ampliada, no la sagrada imagen conservadora de los obispos, sino la que contiene a l@s amig@s, las adversidades, las opciones y las causas por las que vivimos; se vuelve a situar en el centro de la existencia y es imprecindible para completarla. No hay alienación en la tarea ni arrojos ególatras porque l@s que nos esperan son más valios@s que nuestras obras.
En ese mundo, las y los chicos tienen su tiempo independiente y la literatura es buena y compartida, antes que infantil o adulta. La idea de herencia se empieza a llamar legado, libertad, diversidad; mientras que la fidelidad no es una condena sino simplemente una mirada de honestidad amorosa.
Vemos en la travesía de los Vogel, mas que un viaje a Ushuaia, un recorrido actual y no melancólico hacia ese pasado mítico y tribal donde el tiempo no se fraccionaba en edades estancas sino en ancestros y futuros; donde el tiempo se movía a energía humana. Sea hacia una plaza porteña -como en nuestro Tour Calesitero- o hacia los mismos arrabales del lejano estrecho de Bering; el desafío es tratar de ir pedaleando entre generaciones, con el único y mejor destino de continuar y continuarse.







Muy bueno!!! Gracias!!