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Tuvimos el gusto de participar en una muy buena charla sobre la dictadura, la equidad vial y las bicicletas en el programa Bicivilizados.

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Bicivilizados 32 Entrevista con Fernando Rinaldi 24-3-15 by Radiolaotra on Mixcloud

 

 

 

¿Cuántas veces hemos escuchado encendidas quejas sobre el colapso del tránsito en las grandes ciudades, sostenidos lamentos por algún choque  o alarmantes advertencias sobre la polución ambiental producida por el transporte automotor? Sin embargo, paradojas de la vida en sociedad, cuando la bicicleta comienza a ser parte de la solución, caen sobre los ciclistas un sinnúmero de sesgos y prejuicios sobre su estar en la calle.

Ya no quedan dudas de que la bicicleta es una opción viable de transporte para miles y miles de ciudadanas y ciudadanos de todas las clases sociales de nuestro país. Su presencia cada vez más masiva y cotidiana, está cambiando el paisaje vial y la cultura urbana de las grandes ciudades de Argentina. Al pedalear, los ciclistas no solo están ahorrándole a la economía litros y litros de combustible, sino que están construyendo, casi sin saberlo, una ciudad menos  violenta. Pero, como suele suceder con cualquier grupo humano cuya existencia demande transformaciones en las formas de organizar la sociedad, este tendrá que enfrentar resistencias políticas, culturales,  económicas y también simples y sencillos prejuicios. Prejucios que pueden convertirse en sesgos y resquemores que terminan rebotando en muchos medios masivos de comunicación a los que les cuesta lidiar con formas nuevas y autónomas de moverse por la ciudad.

Durante los últimos meses pudimos registrar dos ejemplos interesantes de estos sesgos sobre los ciclistas, que son muestras claras de las resistencias que la gente del pedal enfrenta casi de manera cotidiana. El primer ejemplo que presentamos tuvo que ver con la publicación de un informe sobre el comportamiento de los ciclistas porteños y su relación con el casco; el segundo trata sobre el insólito intento de pedir registro de conducir a los ciclistas. Veamos…

¿Cuántos ciclistas usan casco?

Afirmación

Afirmación

Durante julio y agosto los principales medios de alcance nacional se ocuparon de la bicicleta con títulos como “Tan solo el 15% de los ciclistas utiliza casco” (Tiempo Argentino, 4/08/2014), “Los ciclistas no respetan las reglas” (Ámbito Financiero, 25/07/2014) o En la ciudad de Buenos Aires aumenta el uso de la bicicleta, pero 8 de cada diez ciclistas ignora el casco y el 65% no respeta la prioridad de paso de los peatones” (Clarín, 4/08/2014). Tales afirmaciones estaban fundadas en un informe producido por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI), reconocida empresa que tiene como objetivo contribuir al desarrollo de la industria automotriz y de la seguridad vial. Si bien el informe realizaba interesantes observaciones,  algunas por cierto las compartimos, sobre el estado de las bicisendas y los obstáculos que día a día enfrentan los ciclistas porteños y las mejorables relaciones entre ciclistas y peatones; el eje del trabajo que enfatizaron los medios, consistía en el uso del casco en ciclistas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ciudad donde esto es obligatorio.

A partir de un análisis de la Red de Ciclistas Urbanos sobre este informe; pudimos observar algunos problemas importantes en las mediciones efectuadas y que dieron lugar a estos titulares. Sin abrumar, podemos decir que de una lectura de los datos publicados en el sitio web del CESVI, se podría obtener que en realidad los ciclistas que usan casco son el 77% del total observado y no dos de cada diez como titularon los diarios. Si bien nos comunicamos con el CESVI a fin de dilucidar esta cuestión, lamentablemente no logramos obtener una respuesta al cierre de esta nota. De cualquier forma, como se imaginan los lectores, la cuestión aquí no trata sobre cuánta gente usa el casco. El tema es cómo se construyen los sesgos sobre los ciclistas. Si bien este cronista está convencido que el uso del casco es tan esencial como vestirse para salir a la calle, ya que puede marcar la diferencia entre un golpe y una lesión, consideramos que la obligatoriedad del casco para circular es una cuestión al menos discutible, sobre la que se promete una próxima nota. Vaya solo como adelanto que México D.F. derogó la obligatoriedad de su uso y que en Dinamarca y los Países Bajos, paradigmas del ciclismo urbano, no solo no tienen leyes que obliguen su uso, sino que registran niveles bajísimos ciclistas con casco.

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En la misma nota de Tiempo Argentino del 4/08/2014, el presidente Presidente del Observatorio Vial Latinoamericano, el Sr. Fabián Pons, reclama basándose en este informe, que el Estado debe aumentar el control sobre los ciclistas. Como hemos señalado muchas veces desde esta columna, la conducta violenta y desaprensiva con el otro siempre es condenable más allá del vehículo que conduzcamos. Pero si tenemos en cuenta los enormes déficits de fiscalización vial que existen en nuestro país en temas cuyo impacto es más dramático, como el alcohol y las velocidades máximas ¿cuál es es la amenaza concreta que representan, por ejemplo, los ciclistas sin casco a los otros actores del mundo vial que justifique una inversión pública específica en control? ¿Sobre qué fundamentos se basa ese reclamo? ¿Por qué siempre se pone el énfasis en la seguridad pasiva del ciclista, cuando medidas como la reducción de las velocidades máximas en las calles son más efectivas para la seguridad y convivencia de todos, incluidos los automovilistas? ¿O el problema es que el aumento de los ciclistas en las ciudades son un lento pero persistente cuestionamiento a la hegemonía cultural del automóvil como medio exclusivo y excluyente de movilidad?

El carnét para ciclistas

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Ciclistas infractores

Hay un refrán que dice que no hay enemigo pequeño. Parafraseando,  podríamos decir que en esto de sesgar ciclistas, no hay iniciativa chica.  En la ciudad de Salta, la comisión de tránsito del Concejo Deliberante de la ciudad,  presidida por el  concejal Guillermo Echazú,  trató la necesidad de crear un registro de conducir para ciclistas, aduciendo que las normas de tránsito deben ser iguales para todos los que circulan por la calle. Esta iniciativa, que como rezaba la célebre propaganda de botines de fútbol “en Europa no se consigue”, es una singular interpretación del problema de la equidad vial. No se trataría de lograr que todas las personas gocen por igual de espacios viales seguros más allá de la forma de transporte, de reducir los impactos sociales y ambientales negativos del uso intensivo e individual del automóvil, de construir infraestructuras específicas que reduzcan la velocidad en las áreas donde los coches conviven con peatones y ciclistas, ni de definir campañas novedosas de sensibilización vial. No, lo que iguala, lo que es justo para todos, lo que evita la violencia vial es que los ciclistas circulen con registro…

Amenaza Vial

Amenaza Vial

Un registro para ciclistas tiene innumerables problemas técnicos, jurídicos y políticos ¿Vale la pena desviar fondos y esfuerzos para hacer un carnet? ¿Cuál es el problema que este tipo de medidas quiere solucionar? ¿No sería más útil, que junto a la infraestructura, se desarrollen espacios de capacitación y sensibilización para todos los habitantes del mundo vial? Si bien existen importantes avances en el país para impedir que personas con graves antecedentes de tránsito obtengan una licencia para conducir automóviles, este camino todavía está siendo recorrido, por lo que nos parece que las prioridades sobre registros están definitivamente en otro lado. En un entrevista radial realizada por el programa “Bicivilizados”, la gente de “Anda la Bici”, que se opuso a la medida y que esta haciendo mucho y muy bueno por recuperar la cultura de la bicicleta en la ciudad de Salta, señaló que el proyecto de ordenanza surgió en el mismo momento en donde la transformaciones positivas que generan más bicicletas en la calle empezaban a ganar espacios en el debate público de la ciudad. Si bien el proyecto de registro no prosperó, el ingenio ocupó espacio en la prensa y logró desviar, por un tiempo y de manera torpe, debates de fondo como la necesidad de generar medidas eficaces para la promoción de la bicicleta y el avance hacia un ambiente vial más humano.

Insulto a la ciclointeligencia

Insulto a la ciclointeligencia

Más allá de la demagogia automovilista o de las ganas de ganar minutos en la prensa, uno de los grandes problemas que enfrentan los ciclistas de manera colectiva, tal como muestran estos ejemplos, es la tendencia a homologar la presencia de la  bicicleta en el tránsito con los impactos negativos del automóvil. Si bien los ciclistas son parte del barullo vial contemporáneo, se mueven en un vehículo que es objetivamente positivo para los demás, no solo en ruidos y polución, sino principalmente en seguridad. Su velocidad es menor, su peso es menor y no tienen vidrios polarizados, por ejemplo. Por eso, pensar que un ciclista sin casco es una amenaza para la convivencia vial comparable a la de automovilistas desaprensivos, que hace necesario controles por parte del Estado, o que lo que falta es un registro para pedalear es, como mínimo, una desproporción.

Ya el genial Discépolo en los años 30 del siglo pasado nos advertía que la característica principal del cambalache en el que vivimos es que “¡Todo es igual! / ¡Nada es mejor! / ¡Lo mismo un burro / que un gran profesor!”. Para salir del cambalache vial en el que estamos “todos manoseaos”, es hora de dejar de insistir que da lo mismo ser ciclista que peatón o automovilista y que el riesgo que sufren y producen es el mismo. Si bien un ambiente vial más seguro es responsabilidad de todos, no lo es objetivamente en la misma medida y esto es algo que aún cuesta entender a muchos funcionarios, especialistas en seguridad vial y periodistas. Será tarea de ciclistas convencidos empezar a desmontar los sesgos y prejuicios para construir, ahora sí entre todos y con claras prioridades, un ambiente vial más seguro y menos violento para ciclistas, automovilistas y peatones.

*Una versión de esta nota la publicamos en el número de octubre de 2014 de la revista Ciclismo XXI

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Reconociendo el camino…

En qué momento un ciclista urbano, como se define este cronista, decide largar una carrera como La Etapa es algo difícil de situar. Si bien corrí de pibe con una pisterita construida por Enrique Alí; mi experiencia y mi pasión ciclista está relacionada con lo que la bicicleta puede hacer para mejorar nuestras ciudades. No solo es mi principal forma de transporte cotidiano y una experiencia compartida en familia; sino que también representa un fuerte posicionamiento político sobre qué medioambiente urbano queremos y sobre cómo enfrentar la violencia vial de todos los días. Por eso, entre otras actividades, formamos la Red de Ciclistas Urbanos que está congregando a ciclistas de todos los estilos con el objetivo de lograr ciudades más pedaleables, menos contaminadas y socialmente más justas. Pero esto ya es harina de otro costal, o para decirlo mejor, es un puerto de otra montaña…

La Etapa, con su exigente recorrido y el sello del Tour de France, parecía ser el desafío correcto para salir de las rutinas y saciar cierta curiosidad biciperiodística por saber -o al menos tener una remota idea- de cómo es enfrentar un puerto de montaña en situación de competencia y dejar de imaginar tan épica situación sentado en el sillón de casa con el control remoto de gregario. También me motivaba mezclar géneros ciclistas, encontrar puntos comunes para vivir la bici en todas sus formas. ¿Que enlaza a un ciclista profesional con uno que recorre la ciudad? El pedaleo urbano ¿se parece al ciclismo de ruta, al mountain o al de pista?

Curvas

Curvas

Siempre tuve la impresión de que los ciclistas de la ciudad comparten más cosas con los contrarelojistas que con los sprinters o los escaladores. Sin que las pedaleadas sean tan perfectas como las de Anquetil, muchas y muchos ciclistas urbanos desarrollan una cadencia rítmica y elegante, como la de Monsieur Crono, que les permite  llegar a horario sin sombra de esfuerzo. Y aunque no nos desvele mucho conseguir la mayor eficiencia aerodinámica sobre la máquina, inclusive muchos se jacten de disfrutar erguidos y desafiantes el viento en la cara; tenemos en común con los contrarelojistas el hecho de estar enfrascados en una imposible batalla contra el dios Cronos. Batalla que ambos ciclistas damos en una conmovedora soledad, obligados por la prueba los unos; pudorosos y desconfiados los otros.

Pero, más allá de estas cavilaciones, lo que resultaba obvio es que con una semana de 60 o 70 km. de rodada urbana y los 70 promedio de la salida dominguera -siempre y cuando haya buen clima- no alcanzaba ni para presentarse en la largada y comprar los souvenirs. Había que plantearse aumentar el kilometraje, hacer entrenamientos específicos y principalmente salir de la zona de confort por la que venía pedaleando, con mucho placer por cierto. Además comprarle unas ruedas nuevas a la rutera y hacerla intervenir por el gurú y mecánico Santiago Oliver, pedirle a la familia un poco de acompañamiento y aunque parezca paradójico, hacer una bicicleta para pagar todos los gastos.

Preparados...

Preparados…

Aunque confieso que más de una noche de invierno apelé al calor del gimnasio y al spinning, lo primero que hice para sumar kilómetros fue incorporar la rutera a los viajes al yugo para después ir a entrenar. Entrar a la oficina con el rítmico “clip-clap” de las calas de las zapatillas golpeando contra el suelo despertaba entre los compañeros chistes como “eh, ahora te dedicas a bailar tap” y preguntas del tipoasí trabado, ¿no te caes de la bici?”. Pero, como la paciencia es hija de la insistencia, pronto la extrañeza, se convirtió en curiosidad y sin que dijera nada, comenzaron a preguntarme cosas como “hoy toca fondo¿no?¿cuántos km. llevás?”. Inclusive algunos empezaron a cuestionar mi dieta, con reproches directos como “¿por qué no bajas la panza en vez de gastarte una fortunas en ruedas más livianas?”. Semejantes afirmaciones, de un sentido común irreprochable, no solo hicieron vanas mis explicaciones técnicas sobre la ruedas que quería comprar, sino que tuvieron como efecto alejarme de manera inmediata de la crema pastelera y otros manjares; al menos hasta terminar la carrera…

Por las sierras

Llegué a Carlos Paz un poco lejos de un estado físico óptimo, pero mucho más lejos de mi estado inicial. Le había ganado unos puntos al cinturón y tenía todo por dar y nada que perder. El día previo, en la fila para retirar los dorsales ya en el Village de la carrera, los corredores más baqueanos compartían precisas recomendaciones sobre como tomar  las curvas y las pendientes, agregándoles a los relatos un intencionado vértigo, como para asustar un poco a los recién llegados. El concierto de las distintas tonadas del país, sumadas al portugués de unos y al inglés de otros, le daba al evento la dimensión de un gran encuentro en el que la gramática común eran los pedales y los piñones. También compartido era el interrogante sobre la inminente lluvia ¿caerá? ¿será muy fuerte? ¿cómo enfrentarla?

Carrera suspendida

Carrera suspendida

Una de las leyes de muchos ciclistas urbanos es tratar de no salir con tormentas o lluvias fuertes. Todo es más resbaloso y la visibilidad, factor crítico para la seguridad ciclista, se reduce. Pero, los profesionales no son ciclistas urbanos. El hambre de noticias de la televisión y de los diarios no cesa ni por el sol, ni por la lluvia y, preso de la vorágine, el pelotón tiene que salir igual. Al fin y al cabo el Tour lo inventó Desgranges para vender más diarios.

Casi cómo profesionales, nos presentamos con mi amigo Pablo a la hora señalada, para cumplir con nuestra parte del drama. El público, los equipos y corredores, se protegían de la intensa lluvia bajo las carpas de los auspiciantes trajinando cientos de especulaciones. Que en el cerro Copina va a hacer mucho frío, que con esta lluvia el problema es la bajada, que no se va a ver nada. Un hombre con un tono del norte cordobés y un rostro de miles de kilómetros me miró de arriba abajo y descubrió mi incipiente tiritar de frìo, producto de la mojadura. Quizás de puro compasivo me dijo con alegría resignada, “así es querido, el ciclismo siempre es sacrificio, alguna vez uno cree que no, pero al final siempre es sacrificio”. Pensé en Gino Bartali, quizás mi único ídolo deportivo. El solía festejar las condiciones meteorológicas más horribles porque su escenario preferido era el de la dificultad. Nos animamos con Pablo pensando en el eterno campeón, pero después de más de una hora de espera, la organización tomó la desición correcta en términos de seguridad y suspendió la largada. Querido Gino, seguiremos siendo tus admiradores, pero no será este día donde nos convirtamos en tus discípulos…

Largada

Largada

El domingo fue un día óptimo para largar, aunque el recorrido tuvo que ser acortado por la anegación de un río. Igual, 112 km y dos puertos de montaña no eran para nada despreciables. La largada de cualquier carrera ciclista es un momento muy indiscreto. Uno es relojeado de manera impune, te miran la bici, las piernas, la ropa, en busca de algún defecto que te denuncie o incomode. Frente a esto, lo mejor es también relojear, y aunque uno descubra que la bici de al lado vale casi lo mismo que medio año de tu salario, la clave es  apechugar y confiar en las propias piernas y el corazón. También es cierto, hay ciclistas que cultivan el comentario cómplice y divertido, como para apaciguar la adrenalina y a ellos va este sencillo reconocimiento.

La carrera se presentó más o menos como me lo había imaginado. Aguante la primera parte en un pelotón y cuando las subidas se empezaron a poner duras, quede corriendo como un verdadero isolé, tal como se les decía a los ciclistas solitarios en los inicios de la Grande Boucle. Pero no voy yo a hacer una crónica de la carrera cuando Ciclismo XXI tiene a los mejores periodistas de ciclismo deportivo del país. Solo diré que disfrute del intenso esfuerzo en las trepadas, de los chistes sufridos que intercambiamos con otros ciclistas para darnos aliento y de la vertiginosa libertad que sucede en las bajadas. Lo que más voy a recordar es el sonido de platos, ruedas y cadenas, imponiéndose como banda sonora exclusiva, lejos del rugir de los motores. Es que como dijo un amigo, pedalear con las rutas cerradas ya paga buena parte de todos los sacrificios.

A subir...

A subir…

Los últimos kilómetros del esfuerzo -no puedo decir carrera- tuvieron algo de místico, de revelación. Todas las especulaciónes, todo miedo y cavilación desapareció y quede solo, reventado pero feliz, respirando la vida a vaya saber uno a cuantas pulsaciones. Después de recibir la medalla de finisher, empecé a sentir un gustito a poco y a me pregunté cómo hubiera sido correr las dos etapas programadas, qué hubiera pasado, qué habría sentido. No importa ahora. Sentado y comiendo la pasta de la llegada, termine de entender por qué el Tour y las grandes Vueltas gustan y me gustan tanto; es que ellas son una de las mejores metáforas de la vida que el deporte puede ofrecer. Ya sea subiendo o bajando, se trata rodar con mucha firmeza, con mucha convicción, pero también con mucha  humildad, eso sí, sin dejar nunca, pero nunca, de pedalear.

* Una versión de esta nota la publicamos en el número de noviembre de 2014 en la revista Ciclismo XXI- ¡Gracias Pablo Echevarría por las fotos! 

La otra llegada.

La otra llegada.

Humphrey y Laureen pueden. Vos también

Por que nunca es tarde para aprender, los domingos 2, 23 y 30 de noviembre de 2014 volvemos a realizar  tres encuentros para lograr que el andar en bicicleta suceda. La actividad esta dirigida a personas adultas, la organiza el blog Ciclofamilia junto a la Fabricicleta y es auspiciada por la Red de Ciclistas Urbanos. Como siempre, es libre y gratuita. Los tres domingos nos encontramos a las 16 puntual en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía.

Tener bicicleta no es obligatorio ni necesario, pero si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida, lo mismo que el mate y la buena onda. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
¡¡Nos vemos el 23 de noviembre!!
En este link, una crónica de otros encuentros pasados.
John Wayne and Maureen O'Hara ride a bike in The Quiet Man, 1952

Hacía tiempo que imaginábamos un espacio de voluntades pedalistas tratando de dar forma a sus vivencias arriba de la bici y de transformarlas en algo relevante para la discusión pública. Por suerte, los encuentros se fueron dando, las voluntades se fueron congregando y hoy existe la Red de Ciclistas Urbanos, que con mucha alegría integramos. El próximo sábado 25 de octubre a las 15 horas en Castillo 460 de Buenos Aires (obvio, hay lugar para estaciona la bici), la Red va a realizar un encuentro abierto donde intercambiaremos experiencias y debatiremos propuestas sobre cómo hacer visibles los problemas específicos que afectan a los ciclistas urbanos y promover formas de convivencia vial no violentas.  

El objetivo de la Red de Ciclistas Urbanos es sencillo: promover el uso de la bicicleta en la ciudad y fomentar un ambiente vial amigable con formas alternativas de moverse por el espacio público. Para la Red, los beneficios de la bicicleta, como el logro de un medioambiente urbano menos contaminado y un tránsito más seguro y pacífico, no solo los disfrutan los ciclistas sino que también se convierten en un patrimonio compartido por la ciudad en su conjunto.

La Red quiere aportar a la construcción de ciudades que prioricen el transporte público, las bicicletas y privilegien al peatón, como forma de lograr metrópolis cada vez más inclusivas, menos contaminadas y socialmente más justas. Y enfrentar  toda forma de violencia vial, que es una de las formas de violencia más invisibilizadas en nuestra sociedad.

Para ello quiere generar nuevas miradas sobre la bicicleta, desarrollar acciones que visibilicen las problemáticas específicas que afectan al colectivo de ciclistas urbanos y demandar más y mejor infraestructura para la bici, sabiendo que no hay mejor bicisenda que un coche a 30 km/h. Nos organizamos en red porque es una forma de construir desde la diversidad del  movimiento de ciclistas urbanos, incorporando la necesidad de obtener consensos.

Venite el 25 de octubre al Ciclo Encuentro. A debatir, a proponer, a encontrarnos. Y principalmente, a biciactivar.

 

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Hibridez

Hibridez

El tránsito se parece mucho a las redes sociales. Allí, como en el facebook, la gente hace y dice cosas que no haría ni diría en ninguna otra circunstancia y que, paradójicamente, no dudará en reprobar una vez abajo del auto, de la bici o de la computadora. ¿Cuántas veces nos hemos descubierto discutiendo de manera feroz y furiosa con perfectos desconocidos por alguna maniobra mal ejecutada? ¿Y cuántas veces, una vez terminada la situación, nos quedó un sabor amargo, incómodo, crudo? De una forma o de otra estamos convencidos de que para movernos en el adverso ambiente del tránsito es necesario desarrollar un alto nivel de hostilidad para con todo el mundo.

Es que muchas de nuestras conductas en la calle se nos han hecho hábitos casi instintivos. No las reconocemos y por ello tampoco se nos cruza por la cabeza la posibilidad de cambiarlas. Es muy probable que la mayoría de los automovilistas no quieran de manera consciente invadir la senda peatonal en las bocacalles para perjudicar y entorpecer a los peatones. Sin embargo lo hacen, casi sin saberlo, desbordados de emociones negativas, sin medir lo que produce su acción. Y por ello, cuando llega la boleta -más allá de los enormes déficits de los sistemas de fiscalización del tránsito en el país- lo primero que se escucha es que “lo único que se quiere es recaudar” con las infracciones.

Futuro

Futuro

De cualquier forma, muchas de las campañas de seguridad vial no abordan con claridad la cuestión de la convivencia en el tránsito sino que centran su mirada en situaciones trágicas. A partir de imágenes con alto realismo -algunas cercanas al morbo- se nos trata de convencer de adquirir conductas correctas en el ambiente vial mediante el miedo. La paradoja es que, como parece sugerir un reciente estudio español, altas dosis de crudeza visual si bien generan una toma de conciencia inmediata del espectador al cabo de un tiempo pueden terminar inmunizando a la audiencia sobre su contenido.

Andar con miedo no es la respuesta, inclusive puede ser un obstáculo a nuestra propia seguridad y la de los otros. Además, pese a que todas nuestras conductas equivocadas o desaprensivas pueden desembocar en un siniestro de gravedad, el hecho de que esto no nos suceda cada vez que cometemos una imprudencia, puede llegar a hacernos creer que los mensajes de prevención no son más que exageraciones de los publicistas. En este contexto la bicicleta es un vehículo que por su naturaleza ofrece enormes ventajas para nuestra propia seguridad y para la de los otros, siendo la más destacada su humanidad. Para un buen ciclista urbano, andar en bici por la calle debería ser algo más importante y, por qué no, más interesante que sólo pedalear hacia adelante.

Pedaleando en el lugar del otro

Andar afinado

Andar afinado

Como revelan las encuestas sobre seguridad vial, cuando a la gente se le pregunta cómo conducen los otros, la mayoría responde que mal o muy mal. Pero cuando se pregunta sobre cómo conducen ello mismos, la relación se invierte; o sea el problema siempre son los otros. Para salir de esta trampa parece ser mejor considerar al otro no como un enemigo potencial -por cierto, los conductores agresivos son fácilmente detectables- sino como un otro más integrante del ambiente vial, atravesado por circunstancias y limitaciones parecidas a las nuestras, aunque con mayores responsabilidades si conduce en un vehículo de motor.

Por ejemplo, todos los actores del ambiente vial, incluidos los ciclistas, tienen “puntos ciegos”, espacios en los que no podemos ver de ninguna manera. Estas áreas cambian de acuerdo al tipo de vehículo del que se trate y a nuestra posición relativa respecto del otro, aunque son los camiones y los colectivos quienes tienen más puntos ciegos, sobre todo cuando giran. Por ello, al sobrepasar cualquier vehículo, es mejor cambiar nuestra instintiva pregunta de ¿paso? por ¿me va a ver si paso? Y siempre adelantarse por la izquierda ya que aumenta nuestra visibilidad y nuestro margen de manejo. Si pedaleamos atentos al otro, ya sea peatón o conductor, no sólo obtendremos maniobras más seguras sino que también vamos a rodar con más fluidez y menos estrés.

Ser más visibles

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Para ser más visible en el tránsito hay que rodar con luces, destelladores, ropa clara y chalecos reflectivos. Estos elementos son fundamentales a toda hora del día para que los peatones y los conductores nos puedan ver. Pero ser visibles también es una práctica de comunicación. Adoptar el hábito de transmitir con tiempo y claridad nuestras maniobras, inclusive las más sencillas, avisar de los obstáculos que percibimos y agradecer con el pulgar si nos ceden el paso aún cuando tengamos derecho, brinda a los otros información precisa sobre nuestra posición e inclusive sobre nuestra disposición. Comunicarse más y mejor con los otros, además constituir un gesto cordial y tranquilizador que será íntimamente agradecido, hace que los peatones y conductores nos vean bien y procesen con más tiempo lo que vamos a hacer. Y en el tránsito, más tiempo es más seguridad.

El derecho a ir un poco más lento

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No lo ví

La bicicleta es un vehículo lento aunque si lo medimos en velocidades medias en horas pico, ella puede ser más rápida que todos los vehículos motorizados. Más allá de esto, como vehículo lento, su lugar de circulación es preferentemente el carril de la derecha. ¿Pero cómo? Lo primero es rodar a una distancia cercana al metro y medio de los autos estacionados o del cordón. Esto nos permitirá obtener más espacio de maniobra para evitar cualquier obstáculo que se presente -principalmente las fatídicas puertas de los autos- y nos hará más visibles. La otra gran ventaja de asumir esta distancia es que ello desalentará a muchos automovilistas a que nos pasen “finito”, ya que tendrán que sobrepasarnos cambiando de carril o cuando haya espacio suficiente para hacerlo (resignémonos, a los que le gusta pasar cerca, lo harán igual, estemos donde estemos). !Ah¡ Además es nuestro derecho ya que la ley de tránsito vigente en todo el país señala que en vías multicarriles, el tránsito debe circular por “un mismo carril y por el centro de éste” (art. 45. Inc. b. LEY 24.449).

Más que consejos proponemos cambiar el enfoque de nuestro rodar en el tránsito como ciclistas, pero también como conductores y peatones. El desafío sin dudas es revalorizar el lugar de nuestro cuerpo donde ponemos el casco, también conocido como la cabeza y hacerlo actuar en la marcha cotidiana. No sólo para enjuiciarnos sobre lo que hacemos mal o bien, sino principalmente para entender por qué hacemos lo que hacemos y comenzar a cambiarlo. Y en ese cambio, además de asumir una actitud crítica con nuestros comportamientos y con los de los demás, intentar disfrutar de nuestra estadía en la calle.

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*Una versión de esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI en la edición de Setiembre de 2013

Wives-on-BikesEsta vez es la vez, no lo pienses más. No se te pasó la hora ni es tarde para aprender a pedalear.

Los domingos 3,10 y 24 de agosto vamos a hacer  tres encuentros para lograr andar en bicicleta. La actividad, como siempre, es libre y gratuita y solo requerirá un poco de compromiso, buena onda y unos mates para combatir el frío. Nos encontramos los tres domingos a las 15.30 en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía para hacer que el andar suceda.
Si bien tener bici no es obligatorio ni necesario, si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Y si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
Nos vemos el 3.
En este link, una crónica de encuentros pasados.
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