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Bici a pelotas

Bici a pelotas

Qué ciclista no se enredó en algún momento en la trajinada discusión sobre cuál deporte es mejor, cuál necesita de mayor coraje, de mayor habilidad o sacrificio, como si estos valores fueran propiedad de los deportes y no de los deportistas. Y cuántas veces no nos hemos podido resistir, pese a sabernos incomprendidos de antemano, a comparar lo que producen los grandes campeonatos de balompié con el Tour de France o con las grandes vueltas. Como señala un informe de la consultora NPD Group difundido por Ciclismo XXI, las ventas mundiales de bicicletas, de equipamientos y accesorios vinculados a la práctica del ciclismo ascendieron a más de 33.000 millones de euros, el 15% de todos los ingresos mundiales en artículos deportivos. El informe también señala que al año se venden unas 137 millones de bicicletas en todo el planeta. Pero, a pesar de estos datos, los salarios que perciben los ciclistas profesionales no son en nada comparables a los de las estrellas de fútbol o de tenis.

Diego en bici

Diego en bici

Capítulo aparte merecen las intensas discusiones entre ciclistas, entrenadores y comedidos sobre las incompatibilidades fisiológicas y musculares existentes entre la práctica del balompié y del ciclismo. Que se ponen en juego distintos grupos de músculos, que los cambios de ritmo, que la exposición a las lesiones. Aún recuerdo, cuando era apenas un pibe que pasaba la semana entrenando y soñando con correr en el circuito de Bella Vista, varios años antes de que Argentina consiguiera su último mundial de fútbol; como el jugar a la pelota era algo que había que evitar a toda costa si lo que se quería era estar bien para correr el domingo. Prohibición que este cronista, patadura irremediable, vivía casi como un alivio. Pero, más allá de la razón de estos argumentos, también recuerdo como, de alguna radio a transistor o del interior de un automóvil al costado de los circuitos, se escuchaban los relatos de los partidos fundiéndose con el relato de las carreras en la tarde del domingo. Es que la mayoría de los ciclistas también disfrutan de la pasión futbolera más allá de sentir cierto orgullo por el pedal frente a la avasallante y apasionada parafernalia que ofrece cada mundial de fútbol.

Pedro Calomino, bicicletista del balón.

Pedro Calomino, bicicletista del balón.

De cualquier forma, y en tren de no inflamar rivalidades inexistentes y, por qué no, innecesarias, no podemos dejar de señalar que una de las maniobras más bellas que ofrece el fútbol lleva el nombre de “bicicleta”. Para realizar la bicicleta, el jugador debe pasar varias veces sus piernas alrededor de la pelota frente al rival para que este último no pueda prever hacia que dirección se dirigirá. La jugada fue inventada por Pedro Calomino uno de los grandes iconos de Boca Juniors y del fútbol Argentino entre 1911 y 1924, quien nunca quiso usar botines. Tanto, que Boca Jrs. tuvo que conseguir una autorización para que pudiera jugar en alpargatas, como si al usar botines perdiera toda la magia y el espíritu del potrero. Entre los mejores bicicletistas del balón se encuentran Neymar, Ronaldo, Robinho y el inolvidable Sergio Saturno, que encarna una verdadera escuela argentina de bicicleteros del balón.

El Cycle – ball o como golear con rueda y horquilla

Pelota divididaDentro de las disciplinas de ciclismo de gimnasio o “indoor” reconocidas por la Unión Ciclista Internacional, se encuentra el cycle – ball, también llamado por su nombre en alemán como radball. Este ya centenario deporte fue inventado por el suizo americano Nicholas Edward Kaufmann, pionero del ciclismo artístico y acrobático. A este singular personaje de la historia del pedal, creador de varias compañías de ciclistas acróbatas con las que recorrió el mundo entre finales entre el siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, la idea parece que se le ocurrió luego de empujar fuera del camino con la rueda delantera de su bici a un insistente perro Pug. Por qué no cambiar el perro por una bola -habrá pensado-, el camino por un campo de juego y poner unos arcos donde poder anotar goles. En setiembre de 1893, la idea tomó forma definitiva y, de acuerdo al testimonio del mismo Kaufmann, se jugó el primer partido de radball.

PotreroEl radball o cycle – ball es similar al fútbol y se juega en canchas cerradas de parquet o pisos sintéticos con medidas que oscilan entre los 11 x 9 mts. para las competencias locales y 14 x 11 mts. para las internacionales. Allí, dos equipos compuestos de dos jugadores cada uno con sus respectivas bicicletas, se enfrentan en un partido a dos tiempos de siete minutos. Obviamente, gana quien mete más goles “pateando” con la rueda delantera, aunque los cabezazos y los rebotes corporales son también acciones válidas. Pero para que el gol se compute, el jugador debe tener ambas manos sobre el marillar y ambos pies sobre los pedales, al momento de convertir. El jugador que oficie de arquero solo podrá atajar el balón con sus manos siempre y cuando esté bien posicionado y adentro de su propia área penal. En caso de que cualquier jugador se caiga de su bicicleta o ponga los pies en el suelo sin que el juego se encuentre detenido, deberá pasar por detrás de su línea de gol para reintegrarse al partido.

Hay referí, jueces de línea y, a diferencia del fútbol, la pelota rebota en los laterales y solo se va afuera si atraviesa la línea de fondo. También existe ley de ventaja y el temido penal se cobra en faltas serias e intencionadas, como empujar al rival debajo de la bici, usar las manos fuera del área chica o interrumpir la trayectoria del balón sin estar habilitado a jugar. Las bicicletas son especiales para el juego; sus rodados no pueden ser menores a 20 ni mayores a 26 y una multiplicación máxima que no puede superar los 3,20 mts. Además se establecen reglas específicas referidas a la seguridad de los jugadores, como es el caso de las terminaciones del marillar, los pedales y el asiento.

Remate

Remate

El cycle – ball es muy practicado en Bélgica, Austria, Alemania, Francia, Japón, Rusia y la República Checa, de donde salieron los hermanos Pospíšil, veinte veces campeones mundiales entre los años 70 y 80. El último campeón UCI del 2014 fue el equipo alemán Eberstadt 1 GE. Sorprende la habilidad sobre la bicicleta que tienen los jugadores de cycle-ball, quienes pueden fintar con la bici, desbordar y cambiar de ritmo, realizar pequeños saltos para acomodarse respecto de la pelota y hasta atajar el balón haciendo singulares “willis” con la rueda delantera en un espacio relativamente pequeño. Quien dice que, quizás, impulsados por una misma pasión tan pedalera como futbolera, no empiecen a aparecer jugadores de cycle – ball argentinos, que combinen la magia del Diego o Messi con el temple de Juan Curutchet. Es que con pedales o con botines, en la ruta o el potrero, en un mundial o en el Tour de France, pocas cosas hay en este planeta que ofrezcan tanta alegría y libertad a sus habitantes como la bicicleta y la pelota.

*Esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI del mes de junio de 2014 

tumblr_nhf5oiiWk41qf6o97o1_500Otoño es la estación óptima para hacer que el pedalear suceda. El domingo 19 y el sábado 25 de abril de 2015 volvemos a realizar  encuentros para lograr andar en bicicleta. La actividad esta dirigida a personas adultas, la organiza el blog Ciclofamilia junto a la Fabricicleta y es auspiciada por la Red de Ciclistas Urbanos. Como siempre, es libre y gratuita aunque se requiere un mate, bizcochos y buena onda. Nos encontramos esos días a las 16 puntual en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía de la ciudad de Buenos Aires.

Tener bicicleta no es obligatorio, pero si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a las jornadas, será muy bienvenida,. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
¡¡Nos vemos el 19 !!
En este link, una crónica de otros encuentros pasados.

Algunos consejos que ofrecimos para aprender a pedalear de adultos, en el programa Baires en Bici con Nicolás Artusi…(nuestra participación por el minuto 12)

Tuvimos el gusto de participar en una muy buena charla sobre la dictadura, la equidad vial y las bicicletas en el programa Bicivilizados.

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Bicivilizados 32 Entrevista con Fernando Rinaldi 24-3-15 by Radiolaotra on Mixcloud

 

 

 

¿Cuántas veces hemos escuchado encendidas quejas sobre el colapso del tránsito en las grandes ciudades, sostenidos lamentos por algún choque  o alarmantes advertencias sobre la polución ambiental producida por el transporte automotor? Sin embargo, paradojas de la vida en sociedad, cuando la bicicleta comienza a ser parte de la solución, caen sobre los ciclistas un sinnúmero de sesgos y prejuicios sobre su estar en la calle.

Ya no quedan dudas de que la bicicleta es una opción viable de transporte para miles y miles de ciudadanas y ciudadanos de todas las clases sociales de nuestro país. Su presencia cada vez más masiva y cotidiana, está cambiando el paisaje vial y la cultura urbana de las grandes ciudades de Argentina. Al pedalear, los ciclistas no solo están ahorrándole a la economía litros y litros de combustible, sino que están construyendo, casi sin saberlo, una ciudad menos  violenta. Pero, como suele suceder con cualquier grupo humano cuya existencia demande transformaciones en las formas de organizar la sociedad, este tendrá que enfrentar resistencias políticas, culturales,  económicas y también simples y sencillos prejuicios. Prejucios que pueden convertirse en sesgos y resquemores que terminan rebotando en muchos medios masivos de comunicación a los que les cuesta lidiar con formas nuevas y autónomas de moverse por la ciudad.

Durante los últimos meses pudimos registrar dos ejemplos interesantes de estos sesgos sobre los ciclistas, que son muestras claras de las resistencias que la gente del pedal enfrenta casi de manera cotidiana. El primer ejemplo que presentamos tuvo que ver con la publicación de un informe sobre el comportamiento de los ciclistas porteños y su relación con el casco; el segundo trata sobre el insólito intento de pedir registro de conducir a los ciclistas. Veamos…

¿Cuántos ciclistas usan casco?

Afirmación

Afirmación

Durante julio y agosto los principales medios de alcance nacional se ocuparon de la bicicleta con títulos como “Tan solo el 15% de los ciclistas utiliza casco” (Tiempo Argentino, 4/08/2014), “Los ciclistas no respetan las reglas” (Ámbito Financiero, 25/07/2014) o En la ciudad de Buenos Aires aumenta el uso de la bicicleta, pero 8 de cada diez ciclistas ignora el casco y el 65% no respeta la prioridad de paso de los peatones” (Clarín, 4/08/2014). Tales afirmaciones estaban fundadas en un informe producido por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI), reconocida empresa que tiene como objetivo contribuir al desarrollo de la industria automotriz y de la seguridad vial. Si bien el informe realizaba interesantes observaciones,  algunas por cierto las compartimos, sobre el estado de las bicisendas y los obstáculos que día a día enfrentan los ciclistas porteños y las mejorables relaciones entre ciclistas y peatones; el eje del trabajo que enfatizaron los medios, consistía en el uso del casco en ciclistas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ciudad donde esto es obligatorio.

A partir de un análisis de la Red de Ciclistas Urbanos sobre este informe; pudimos observar algunos problemas importantes en las mediciones efectuadas y que dieron lugar a estos titulares. Sin abrumar, podemos decir que de una lectura de los datos publicados en el sitio web del CESVI, se podría obtener que en realidad los ciclistas que usan casco son el 77% del total observado y no dos de cada diez como titularon los diarios. Si bien nos comunicamos con el CESVI a fin de dilucidar esta cuestión, lamentablemente no logramos obtener una respuesta al cierre de esta nota. De cualquier forma, como se imaginan los lectores, la cuestión aquí no trata sobre cuánta gente usa el casco. El tema es cómo se construyen los sesgos sobre los ciclistas. Si bien este cronista está convencido que el uso del casco es tan esencial como vestirse para salir a la calle, ya que puede marcar la diferencia entre un golpe y una lesión, consideramos que la obligatoriedad del casco para circular es una cuestión al menos discutible, sobre la que se promete una próxima nota. Vaya solo como adelanto que México D.F. derogó la obligatoriedad de su uso y que en Dinamarca y los Países Bajos, paradigmas del ciclismo urbano, no solo no tienen leyes que obliguen su uso, sino que registran niveles bajísimos ciclistas con casco.

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En la misma nota de Tiempo Argentino del 4/08/2014, el presidente Presidente del Observatorio Vial Latinoamericano, el Sr. Fabián Pons, reclama basándose en este informe, que el Estado debe aumentar el control sobre los ciclistas. Como hemos señalado muchas veces desde esta columna, la conducta violenta y desaprensiva con el otro siempre es condenable más allá del vehículo que conduzcamos. Pero si tenemos en cuenta los enormes déficits de fiscalización vial que existen en nuestro país en temas cuyo impacto es más dramático, como el alcohol y las velocidades máximas ¿cuál es es la amenaza concreta que representan, por ejemplo, los ciclistas sin casco a los otros actores del mundo vial que justifique una inversión pública específica en control? ¿Sobre qué fundamentos se basa ese reclamo? ¿Por qué siempre se pone el énfasis en la seguridad pasiva del ciclista, cuando medidas como la reducción de las velocidades máximas en las calles son más efectivas para la seguridad y convivencia de todos, incluidos los automovilistas? ¿O el problema es que el aumento de los ciclistas en las ciudades son un lento pero persistente cuestionamiento a la hegemonía cultural del automóvil como medio exclusivo y excluyente de movilidad?

El carnét para ciclistas

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Ciclistas infractores

Hay un refrán que dice que no hay enemigo pequeño. Parafraseando,  podríamos decir que en esto de sesgar ciclistas, no hay iniciativa chica.  En la ciudad de Salta, la comisión de tránsito del Concejo Deliberante de la ciudad,  presidida por el  concejal Guillermo Echazú,  trató la necesidad de crear un registro de conducir para ciclistas, aduciendo que las normas de tránsito deben ser iguales para todos los que circulan por la calle. Esta iniciativa, que como rezaba la célebre propaganda de botines de fútbol “en Europa no se consigue”, es una singular interpretación del problema de la equidad vial. No se trataría de lograr que todas las personas gocen por igual de espacios viales seguros más allá de la forma de transporte, de reducir los impactos sociales y ambientales negativos del uso intensivo e individual del automóvil, de construir infraestructuras específicas que reduzcan la velocidad en las áreas donde los coches conviven con peatones y ciclistas, ni de definir campañas novedosas de sensibilización vial. No, lo que iguala, lo que es justo para todos, lo que evita la violencia vial es que los ciclistas circulen con registro…

Amenaza Vial

Amenaza Vial

Un registro para ciclistas tiene innumerables problemas técnicos, jurídicos y políticos ¿Vale la pena desviar fondos y esfuerzos para hacer un carnet? ¿Cuál es el problema que este tipo de medidas quiere solucionar? ¿No sería más útil, que junto a la infraestructura, se desarrollen espacios de capacitación y sensibilización para todos los habitantes del mundo vial? Si bien existen importantes avances en el país para impedir que personas con graves antecedentes de tránsito obtengan una licencia para conducir automóviles, este camino todavía está siendo recorrido, por lo que nos parece que las prioridades sobre registros están definitivamente en otro lado. En un entrevista radial realizada por el programa “Bicivilizados”, la gente de “Anda la Bici”, que se opuso a la medida y que esta haciendo mucho y muy bueno por recuperar la cultura de la bicicleta en la ciudad de Salta, señaló que el proyecto de ordenanza surgió en el mismo momento en donde la transformaciones positivas que generan más bicicletas en la calle empezaban a ganar espacios en el debate público de la ciudad. Si bien el proyecto de registro no prosperó, el ingenio ocupó espacio en la prensa y logró desviar, por un tiempo y de manera torpe, debates de fondo como la necesidad de generar medidas eficaces para la promoción de la bicicleta y el avance hacia un ambiente vial más humano.

Insulto a la ciclointeligencia

Insulto a la ciclointeligencia

Más allá de la demagogia automovilista o de las ganas de ganar minutos en la prensa, uno de los grandes problemas que enfrentan los ciclistas de manera colectiva, tal como muestran estos ejemplos, es la tendencia a homologar la presencia de la  bicicleta en el tránsito con los impactos negativos del automóvil. Si bien los ciclistas son parte del barullo vial contemporáneo, se mueven en un vehículo que es objetivamente positivo para los demás, no solo en ruidos y polución, sino principalmente en seguridad. Su velocidad es menor, su peso es menor y no tienen vidrios polarizados, por ejemplo. Por eso, pensar que un ciclista sin casco es una amenaza para la convivencia vial comparable a la de automovilistas desaprensivos, que hace necesario controles por parte del Estado, o que lo que falta es un registro para pedalear es, como mínimo, una desproporción.

Ya el genial Discépolo en los años 30 del siglo pasado nos advertía que la característica principal del cambalache en el que vivimos es que “¡Todo es igual! / ¡Nada es mejor! / ¡Lo mismo un burro / que un gran profesor!”. Para salir del cambalache vial en el que estamos “todos manoseaos”, es hora de dejar de insistir que da lo mismo ser ciclista que peatón o automovilista y que el riesgo que sufren y producen es el mismo. Si bien un ambiente vial más seguro es responsabilidad de todos, no lo es objetivamente en la misma medida y esto es algo que aún cuesta entender a muchos funcionarios, especialistas en seguridad vial y periodistas. Será tarea de ciclistas convencidos empezar a desmontar los sesgos y prejuicios para construir, ahora sí entre todos y con claras prioridades, un ambiente vial más seguro y menos violento para ciclistas, automovilistas y peatones.

*Una versión de esta nota la publicamos en el número de octubre de 2014 de la revista Ciclismo XXI

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Reconociendo el camino…

En qué momento un ciclista urbano, como se define este cronista, decide largar una carrera como La Etapa es algo difícil de situar. Si bien corrí de pibe con una pisterita construida por Enrique Alí; mi experiencia y mi pasión ciclista está relacionada con lo que la bicicleta puede hacer para mejorar nuestras ciudades. No solo es mi principal forma de transporte cotidiano y una experiencia compartida en familia; sino que también representa un fuerte posicionamiento político sobre qué medioambiente urbano queremos y sobre cómo enfrentar la violencia vial de todos los días. Por eso, entre otras actividades, formamos la Red de Ciclistas Urbanos que está congregando a ciclistas de todos los estilos con el objetivo de lograr ciudades más pedaleables, menos contaminadas y socialmente más justas. Pero esto ya es harina de otro costal, o para decirlo mejor, es un puerto de otra montaña…

La Etapa, con su exigente recorrido y el sello del Tour de France, parecía ser el desafío correcto para salir de las rutinas y saciar cierta curiosidad biciperiodística por saber -o al menos tener una remota idea- de cómo es enfrentar un puerto de montaña en situación de competencia y dejar de imaginar tan épica situación sentado en el sillón de casa con el control remoto de gregario. También me motivaba mezclar géneros ciclistas, encontrar puntos comunes para vivir la bici en todas sus formas. ¿Que enlaza a un ciclista profesional con uno que recorre la ciudad? El pedaleo urbano ¿se parece al ciclismo de ruta, al mountain o al de pista?

Curvas

Curvas

Siempre tuve la impresión de que los ciclistas de la ciudad comparten más cosas con los contrarelojistas que con los sprinters o los escaladores. Sin que las pedaleadas sean tan perfectas como las de Anquetil, muchas y muchos ciclistas urbanos desarrollan una cadencia rítmica y elegante, como la de Monsieur Crono, que les permite  llegar a horario sin sombra de esfuerzo. Y aunque no nos desvele mucho conseguir la mayor eficiencia aerodinámica sobre la máquina, inclusive muchos se jacten de disfrutar erguidos y desafiantes el viento en la cara; tenemos en común con los contrarelojistas el hecho de estar enfrascados en una imposible batalla contra el dios Cronos. Batalla que ambos ciclistas damos en una conmovedora soledad, obligados por la prueba los unos; pudorosos y desconfiados los otros.

Pero, más allá de estas cavilaciones, lo que resultaba obvio es que con una semana de 60 o 70 km. de rodada urbana y los 70 promedio de la salida dominguera -siempre y cuando haya buen clima- no alcanzaba ni para presentarse en la largada y comprar los souvenirs. Había que plantearse aumentar el kilometraje, hacer entrenamientos específicos y principalmente salir de la zona de confort por la que venía pedaleando, con mucho placer por cierto. Además comprarle unas ruedas nuevas a la rutera y hacerla intervenir por el gurú y mecánico Santiago Oliver, pedirle a la familia un poco de acompañamiento y aunque parezca paradójico, hacer una bicicleta para pagar todos los gastos.

Preparados...

Preparados…

Aunque confieso que más de una noche de invierno apelé al calor del gimnasio y al spinning, lo primero que hice para sumar kilómetros fue incorporar la rutera a los viajes al yugo para después ir a entrenar. Entrar a la oficina con el rítmico “clip-clap” de las calas de las zapatillas golpeando contra el suelo despertaba entre los compañeros chistes como “eh, ahora te dedicas a bailar tap” y preguntas del tipoasí trabado, ¿no te caes de la bici?”. Pero, como la paciencia es hija de la insistencia, pronto la extrañeza, se convirtió en curiosidad y sin que dijera nada, comenzaron a preguntarme cosas como “hoy toca fondo¿no?¿cuántos km. llevás?”. Inclusive algunos empezaron a cuestionar mi dieta, con reproches directos como “¿por qué no bajas la panza en vez de gastarte una fortunas en ruedas más livianas?”. Semejantes afirmaciones, de un sentido común irreprochable, no solo hicieron vanas mis explicaciones técnicas sobre la ruedas que quería comprar, sino que tuvieron como efecto alejarme de manera inmediata de la crema pastelera y otros manjares; al menos hasta terminar la carrera…

Por las sierras

Llegué a Carlos Paz un poco lejos de un estado físico óptimo, pero mucho más lejos de mi estado inicial. Le había ganado unos puntos al cinturón y tenía todo por dar y nada que perder. El día previo, en la fila para retirar los dorsales ya en el Village de la carrera, los corredores más baqueanos compartían precisas recomendaciones sobre como tomar  las curvas y las pendientes, agregándoles a los relatos un intencionado vértigo, como para asustar un poco a los recién llegados. El concierto de las distintas tonadas del país, sumadas al portugués de unos y al inglés de otros, le daba al evento la dimensión de un gran encuentro en el que la gramática común eran los pedales y los piñones. También compartido era el interrogante sobre la inminente lluvia ¿caerá? ¿será muy fuerte? ¿cómo enfrentarla?

Carrera suspendida

Carrera suspendida

Una de las leyes de muchos ciclistas urbanos es tratar de no salir con tormentas o lluvias fuertes. Todo es más resbaloso y la visibilidad, factor crítico para la seguridad ciclista, se reduce. Pero, los profesionales no son ciclistas urbanos. El hambre de noticias de la televisión y de los diarios no cesa ni por el sol, ni por la lluvia y, preso de la vorágine, el pelotón tiene que salir igual. Al fin y al cabo el Tour lo inventó Desgranges para vender más diarios.

Casi cómo profesionales, nos presentamos con mi amigo Pablo a la hora señalada, para cumplir con nuestra parte del drama. El público, los equipos y corredores, se protegían de la intensa lluvia bajo las carpas de los auspiciantes trajinando cientos de especulaciones. Que en el cerro Copina va a hacer mucho frío, que con esta lluvia el problema es la bajada, que no se va a ver nada. Un hombre con un tono del norte cordobés y un rostro de miles de kilómetros me miró de arriba abajo y descubrió mi incipiente tiritar de frìo, producto de la mojadura. Quizás de puro compasivo me dijo con alegría resignada, “así es querido, el ciclismo siempre es sacrificio, alguna vez uno cree que no, pero al final siempre es sacrificio”. Pensé en Gino Bartali, quizás mi único ídolo deportivo. El solía festejar las condiciones meteorológicas más horribles porque su escenario preferido era el de la dificultad. Nos animamos con Pablo pensando en el eterno campeón, pero después de más de una hora de espera, la organización tomó la desición correcta en términos de seguridad y suspendió la largada. Querido Gino, seguiremos siendo tus admiradores, pero no será este día donde nos convirtamos en tus discípulos…

Largada

Largada

El domingo fue un día óptimo para largar, aunque el recorrido tuvo que ser acortado por la anegación de un río. Igual, 112 km y dos puertos de montaña no eran para nada despreciables. La largada de cualquier carrera ciclista es un momento muy indiscreto. Uno es relojeado de manera impune, te miran la bici, las piernas, la ropa, en busca de algún defecto que te denuncie o incomode. Frente a esto, lo mejor es también relojear, y aunque uno descubra que la bici de al lado vale casi lo mismo que medio año de tu salario, la clave es  apechugar y confiar en las propias piernas y el corazón. También es cierto, hay ciclistas que cultivan el comentario cómplice y divertido, como para apaciguar la adrenalina y a ellos va este sencillo reconocimiento.

La carrera se presentó más o menos como me lo había imaginado. Aguante la primera parte en un pelotón y cuando las subidas se empezaron a poner duras, quede corriendo como un verdadero isolé, tal como se les decía a los ciclistas solitarios en los inicios de la Grande Boucle. Pero no voy yo a hacer una crónica de la carrera cuando Ciclismo XXI tiene a los mejores periodistas de ciclismo deportivo del país. Solo diré que disfrute del intenso esfuerzo en las trepadas, de los chistes sufridos que intercambiamos con otros ciclistas para darnos aliento y de la vertiginosa libertad que sucede en las bajadas. Lo que más voy a recordar es el sonido de platos, ruedas y cadenas, imponiéndose como banda sonora exclusiva, lejos del rugir de los motores. Es que como dijo un amigo, pedalear con las rutas cerradas ya paga buena parte de todos los sacrificios.

A subir...

A subir…

Los últimos kilómetros del esfuerzo -no puedo decir carrera- tuvieron algo de místico, de revelación. Todas las especulaciónes, todo miedo y cavilación desapareció y quede solo, reventado pero feliz, respirando la vida a vaya saber uno a cuantas pulsaciones. Después de recibir la medalla de finisher, empecé a sentir un gustito a poco y a me pregunté cómo hubiera sido correr las dos etapas programadas, qué hubiera pasado, qué habría sentido. No importa ahora. Sentado y comiendo la pasta de la llegada, termine de entender por qué el Tour y las grandes Vueltas gustan y me gustan tanto; es que ellas son una de las mejores metáforas de la vida que el deporte puede ofrecer. Ya sea subiendo o bajando, se trata rodar con mucha firmeza, con mucha convicción, pero también con mucha  humildad, eso sí, sin dejar nunca, pero nunca, de pedalear.

* Una versión de esta nota la publicamos en el número de noviembre de 2014 en la revista Ciclismo XXI– ¡Gracias Pablo Echevarría por las fotos! 

La otra llegada.

La otra llegada.

Humphrey y Laureen pueden. Vos también

Por que nunca es tarde para aprender, los domingos 2, 23 y 30 de noviembre de 2014 volvemos a realizar  tres encuentros para lograr que el andar en bicicleta suceda. La actividad esta dirigida a personas adultas, la organiza el blog Ciclofamilia junto a la Fabricicleta y es auspiciada por la Red de Ciclistas Urbanos. Como siempre, es libre y gratuita. Los tres domingos nos encontramos a las 16 puntual en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía.

Tener bicicleta no es obligatorio ni necesario, pero si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida, lo mismo que el mate y la buena onda. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
¡¡Nos vemos el 23 de noviembre!!
En este link, una crónica de otros encuentros pasados.
John Wayne and Maureen O'Hara ride a bike in The Quiet Man, 1952
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