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Reconociendo el camino…

En qué momento un ciclista urbano, como se define este cronista, decide largar una carrera como La Etapa es algo difícil de situar. Si bien corrí de pibe con una pisterita construida por Enrique Alí; mi experiencia y mi pasión ciclista está relacionada con lo que la bicicleta puede hacer para mejorar nuestras ciudades. No solo es mi principal forma de transporte cotidiano y una experiencia compartida en familia; sino que también representa un fuerte posicionamiento político sobre qué medioambiente urbano queremos y sobre cómo enfrentar la violencia vial de todos los días. Por eso, entre otras actividades, formamos la Red de Ciclistas Urbanos que está congregando a ciclistas de todos los estilos con el objetivo de lograr ciudades más pedaleables, menos contaminadas y socialmente más justas. Pero esto ya es harina de otro costal, o para decirlo mejor, es un puerto de otra montaña…

La Etapa, con su exigente recorrido y el sello del Tour de France, parecía ser el desafío correcto para salir de las rutinas y saciar cierta curiosidad biciperiodística por saber -o al menos tener una remota idea- de cómo es enfrentar un puerto de montaña en situación de competencia y dejar de imaginar tan épica situación sentado en el sillón de casa con el control remoto de gregario. También me motivaba mezclar géneros ciclistas, encontrar puntos comunes para vivir la bici en todas sus formas. ¿Que enlaza a un ciclista profesional con uno que recorre la ciudad? El pedaleo urbano ¿se parece al ciclismo de ruta, al mountain o al de pista?

Curvas

Curvas

Siempre tuve la impresión de que los ciclistas de la ciudad comparten más cosas con los contrarelojistas que con los sprinters o los escaladores. Sin que las pedaleadas sean tan perfectas como las de Anquetil, muchas y muchos ciclistas urbanos desarrollan una cadencia rítmica y elegante, como la de Monsieur Crono, que les permite  llegar a horario sin sombra de esfuerzo. Y aunque no nos desvele mucho conseguir la mayor eficiencia aerodinámica sobre la máquina, inclusive muchos se jacten de disfrutar erguidos y desafiantes el viento en la cara; tenemos en común con los contrarelojistas el hecho de estar enfrascados en una imposible batalla contra el dios Cronos. Batalla que ambos ciclistas damos en una conmovedora soledad, obligados por la prueba los unos; pudorosos y desconfiados los otros.

Pero, más allá de estas cavilaciones, lo que resultaba obvio es que con una semana de 60 o 70 km. de rodada urbana y los 70 promedio de la salida dominguera -siempre y cuando haya buen clima- no alcanzaba ni para presentarse en la largada y comprar los souvenirs. Había que plantearse aumentar el kilometraje, hacer entrenamientos específicos y principalmente salir de la zona de confort por la que venía pedaleando, con mucho placer por cierto. Además comprarle unas ruedas nuevas a la rutera y hacerla intervenir por el gurú y mecánico Santiago Oliver, pedirle a la familia un poco de acompañamiento y aunque parezca paradójico, hacer una bicicleta para pagar todos los gastos.

Preparados...

Preparados…

Aunque confieso que más de una noche de invierno apelé al calor del gimnasio y al spinning, lo primero que hice para sumar kilómetros fue incorporar la rutera a los viajes al yugo para después ir a entrenar. Entrar a la oficina con el rítmico “clip-clap” de las calas de las zapatillas golpeando contra el suelo despertaba entre los compañeros chistes como “eh, ahora te dedicas a bailar tap” y preguntas del tipoasí trabado, ¿no te caes de la bici?”. Pero, como la paciencia es hija de la insistencia, pronto la extrañeza, se convirtió en curiosidad y sin que dijera nada, comenzaron a preguntarme cosas como “hoy toca fondo¿no?¿cuántos km. llevás?”. Inclusive algunos empezaron a cuestionar mi dieta, con reproches directos como “¿por qué no bajas la panza en vez de gastarte una fortunas en ruedas más livianas?”. Semejantes afirmaciones, de un sentido común irreprochable, no solo hicieron vanas mis explicaciones técnicas sobre la ruedas que quería comprar, sino que tuvieron como efecto alejarme de manera inmediata de la crema pastelera y otros manjares; al menos hasta terminar la carrera…

Por las sierras

Llegué a Carlos Paz un poco lejos de un estado físico óptimo, pero mucho más lejos de mi estado inicial. Le había ganado unos puntos al cinturón y tenía todo por dar y nada que perder. El día previo, en la fila para retirar los dorsales ya en el Village de la carrera, los corredores más baqueanos compartían precisas recomendaciones sobre como tomar  las curvas y las pendientes, agregándoles a los relatos un intencionado vértigo, como para asustar un poco a los recién llegados. El concierto de las distintas tonadas del país, sumadas al portugués de unos y al inglés de otros, le daba al evento la dimensión de un gran encuentro en el que la gramática común eran los pedales y los piñones. También compartido era el interrogante sobre la inminente lluvia ¿caerá? ¿será muy fuerte? ¿cómo enfrentarla?

Carrera suspendida

Carrera suspendida

Una de las leyes de muchos ciclistas urbanos es tratar de no salir con tormentas o lluvias fuertes. Todo es más resbaloso y la visibilidad, factor crítico para la seguridad ciclista, se reduce. Pero, los profesionales no son ciclistas urbanos. El hambre de noticias de la televisión y de los diarios no cesa ni por el sol, ni por la lluvia y, preso de la vorágine, el pelotón tiene que salir igual. Al fin y al cabo el Tour lo inventó Desgranges para vender más diarios.

Casi cómo profesionales, nos presentamos con mi amigo Pablo a la hora señalada, para cumplir con nuestra parte del drama. El público, los equipos y corredores, se protegían de la intensa lluvia bajo las carpas de los auspiciantes trajinando cientos de especulaciones. Que en el cerro Copina va a hacer mucho frío, que con esta lluvia el problema es la bajada, que no se va a ver nada. Un hombre con un tono del norte cordobés y un rostro de miles de kilómetros me miró de arriba abajo y descubrió mi incipiente tiritar de frìo, producto de la mojadura. Quizás de puro compasivo me dijo con alegría resignada, “así es querido, el ciclismo siempre es sacrificio, alguna vez uno cree que no, pero al final siempre es sacrificio”. Pensé en Gino Bartali, quizás mi único ídolo deportivo. El solía festejar las condiciones meteorológicas más horribles porque su escenario preferido era el de la dificultad. Nos animamos con Pablo pensando en el eterno campeón, pero después de más de una hora de espera, la organización tomó la desición correcta en términos de seguridad y suspendió la largada. Querido Gino, seguiremos siendo tus admiradores, pero no será este día donde nos convirtamos en tus discípulos…

Largada

Largada

El domingo fue un día óptimo para largar, aunque el recorrido tuvo que ser acortado por la anegación de un río. Igual, 112 km y dos puertos de montaña no eran para nada despreciables. La largada de cualquier carrera ciclista es un momento muy indiscreto. Uno es relojeado de manera impune, te miran la bici, las piernas, la ropa, en busca de algún defecto que te denuncie o incomode. Frente a esto, lo mejor es también relojear, y aunque uno descubra que la bici de al lado vale casi lo mismo que medio año de tu salario, la clave es  apechugar y confiar en las propias piernas y el corazón. También es cierto, hay ciclistas que cultivan el comentario cómplice y divertido, como para apaciguar la adrenalina y a ellos va este sencillo reconocimiento.

La carrera se presentó más o menos como me lo había imaginado. Aguante la primera parte en un pelotón y cuando las subidas se empezaron a poner duras, quede corriendo como un verdadero isolé, tal como se les decía a los ciclistas solitarios en los inicios de la Grande Boucle. Pero no voy yo a hacer una crónica de la carrera cuando Ciclismo XXI tiene a los mejores periodistas de ciclismo deportivo del país. Solo diré que disfrute del intenso esfuerzo en las trepadas, de los chistes sufridos que intercambiamos con otros ciclistas para darnos aliento y de la vertiginosa libertad que sucede en las bajadas. Lo que más voy a recordar es el sonido de platos, ruedas y cadenas, imponiéndose como banda sonora exclusiva, lejos del rugir de los motores. Es que como dijo un amigo, pedalear con las rutas cerradas ya paga buena parte de todos los sacrificios.

A subir...

A subir…

Los últimos kilómetros del esfuerzo -no puedo decir carrera- tuvieron algo de místico, de revelación. Todas las especulaciónes, todo miedo y cavilación desapareció y quede solo, reventado pero feliz, respirando la vida a vaya saber uno a cuantas pulsaciones. Después de recibir la medalla de finisher, empecé a sentir un gustito a poco y a me pregunté cómo hubiera sido correr las dos etapas programadas, qué hubiera pasado, qué habría sentido. No importa ahora. Sentado y comiendo la pasta de la llegada, termine de entender por qué el Tour y las grandes Vueltas gustan y me gustan tanto; es que ellas son una de las mejores metáforas de la vida que el deporte puede ofrecer. Ya sea subiendo o bajando, se trata rodar con mucha firmeza, con mucha convicción, pero también con mucha  humildad, eso sí, sin dejar nunca, pero nunca, de pedalear.

* Una versión de esta nota la publicamos en el número de noviembre de 2014 en la revista Ciclismo XXI- ¡Gracias Pablo Echevarría por las fotos! 

La otra llegada.

La otra llegada.

Humphrey y Laureen pueden. Vos también

Por que nunca es tarde para aprender, los domingos 2, 23 y 30 de noviembre de 2014 volvemos a realizar  tres encuentros para lograr que el andar en bicicleta suceda. La actividad esta dirigida a personas adultas, la organiza el blog Ciclofamilia junto a la Fabricicleta y es auspiciada por la Red de Ciclistas Urbanos. Como siempre, es libre y gratuita. Los tres domingos nos encontramos a las 16 puntual en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía.

Tener bicicleta no es obligatorio ni necesario, pero si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida, lo mismo que el mate y la buena onda. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
¡¡Nos vemos el 23 de noviembre!!
En este link, una crónica de otros encuentros pasados.
John Wayne and Maureen O'Hara ride a bike in The Quiet Man, 1952

Hacía tiempo que imaginábamos un espacio de voluntades pedalistas tratando de dar forma a sus vivencias arriba de la bici y de transformarlas en algo relevante para la discusión pública. Por suerte, los encuentros se fueron dando, las voluntades se fueron congregando y hoy existe la Red de Ciclistas Urbanos, que con mucha alegría integramos. El próximo sábado 25 de octubre a las 15 horas en Castillo 460 de Buenos Aires (obvio, hay lugar para estaciona la bici), la Red va a realizar un encuentro abierto donde intercambiaremos experiencias y debatiremos propuestas sobre cómo hacer visibles los problemas específicos que afectan a los ciclistas urbanos y promover formas de convivencia vial no violentas.  

El objetivo de la Red de Ciclistas Urbanos es sencillo: promover el uso de la bicicleta en la ciudad y fomentar un ambiente vial amigable con formas alternativas de moverse por el espacio público. Para la Red, los beneficios de la bicicleta, como el logro de un medioambiente urbano menos contaminado y un tránsito más seguro y pacífico, no solo los disfrutan los ciclistas sino que también se convierten en un patrimonio compartido por la ciudad en su conjunto.

La Red quiere aportar a la construcción de ciudades que prioricen el transporte público, las bicicletas y privilegien al peatón, como forma de lograr metrópolis cada vez más inclusivas, menos contaminadas y socialmente más justas. Y enfrentar  toda forma de violencia vial, que es una de las formas de violencia más invisibilizadas en nuestra sociedad.

Para ello quiere generar nuevas miradas sobre la bicicleta, desarrollar acciones que visibilicen las problemáticas específicas que afectan al colectivo de ciclistas urbanos y demandar más y mejor infraestructura para la bici, sabiendo que no hay mejor bicisenda que un coche a 30 km/h. Nos organizamos en red porque es una forma de construir desde la diversidad del  movimiento de ciclistas urbanos, incorporando la necesidad de obtener consensos.

Venite el 25 de octubre al Ciclo Encuentro. A debatir, a proponer, a encontrarnos. Y principalmente, a biciactivar.

 

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Hibridez

Hibridez

El tránsito se parece mucho a las redes sociales. Allí, como en el facebook, la gente hace y dice cosas que no haría ni diría en ninguna otra circunstancia y que, paradójicamente, no dudará en reprobar una vez abajo del auto, de la bici o de la computadora. ¿Cuántas veces nos hemos descubierto discutiendo de manera feroz y furiosa con perfectos desconocidos por alguna maniobra mal ejecutada? ¿Y cuántas veces, una vez terminada la situación, nos quedó un sabor amargo, incómodo, crudo? De una forma o de otra estamos convencidos de que para movernos en el adverso ambiente del tránsito es necesario desarrollar un alto nivel de hostilidad para con todo el mundo.

Es que muchas de nuestras conductas en la calle se nos han hecho hábitos casi instintivos. No las reconocemos y por ello tampoco se nos cruza por la cabeza la posibilidad de cambiarlas. Es muy probable que la mayoría de los automovilistas no quieran de manera consciente invadir la senda peatonal en las bocacalles para perjudicar y entorpecer a los peatones. Sin embargo lo hacen, casi sin saberlo, desbordados de emociones negativas, sin medir lo que produce su acción. Y por ello, cuando llega la boleta -más allá de los enormes déficits de los sistemas de fiscalización del tránsito en el país- lo primero que se escucha es que “lo único que se quiere es recaudar” con las infracciones.

Futuro

Futuro

De cualquier forma, muchas de las campañas de seguridad vial no abordan con claridad la cuestión de la convivencia en el tránsito sino que centran su mirada en situaciones trágicas. A partir de imágenes con alto realismo -algunas cercanas al morbo- se nos trata de convencer de adquirir conductas correctas en el ambiente vial mediante el miedo. La paradoja es que, como parece sugerir un reciente estudio español, altas dosis de crudeza visual si bien generan una toma de conciencia inmediata del espectador al cabo de un tiempo pueden terminar inmunizando a la audiencia sobre su contenido.

Andar con miedo no es la respuesta, inclusive puede ser un obstáculo a nuestra propia seguridad y la de los otros. Además, pese a que todas nuestras conductas equivocadas o desaprensivas pueden desembocar en un siniestro de gravedad, el hecho de que esto no nos suceda cada vez que cometemos una imprudencia, puede llegar a hacernos creer que los mensajes de prevención no son más que exageraciones de los publicistas. En este contexto la bicicleta es un vehículo que por su naturaleza ofrece enormes ventajas para nuestra propia seguridad y para la de los otros, siendo la más destacada su humanidad. Para un buen ciclista urbano, andar en bici por la calle debería ser algo más importante y, por qué no, más interesante que sólo pedalear hacia adelante.

Pedaleando en el lugar del otro

Andar afinado

Andar afinado

Como revelan las encuestas sobre seguridad vial, cuando a la gente se le pregunta cómo conducen los otros, la mayoría responde que mal o muy mal. Pero cuando se pregunta sobre cómo conducen ello mismos, la relación se invierte; o sea el problema siempre son los otros. Para salir de esta trampa parece ser mejor considerar al otro no como un enemigo potencial -por cierto, los conductores agresivos son fácilmente detectables- sino como un otro más integrante del ambiente vial, atravesado por circunstancias y limitaciones parecidas a las nuestras, aunque con mayores responsabilidades si conduce en un vehículo de motor.

Por ejemplo, todos los actores del ambiente vial, incluidos los ciclistas, tienen “puntos ciegos”, espacios en los que no podemos ver de ninguna manera. Estas áreas cambian de acuerdo al tipo de vehículo del que se trate y a nuestra posición relativa respecto del otro, aunque son los camiones y los colectivos quienes tienen más puntos ciegos, sobre todo cuando giran. Por ello, al sobrepasar cualquier vehículo, es mejor cambiar nuestra instintiva pregunta de ¿paso? por ¿me va a ver si paso? Y siempre adelantarse por la izquierda ya que aumenta nuestra visibilidad y nuestro margen de manejo. Si pedaleamos atentos al otro, ya sea peatón o conductor, no sólo obtendremos maniobras más seguras sino que también vamos a rodar con más fluidez y menos estrés.

Ser más visibles

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V8 y V6

Para ser más visible en el tránsito hay que rodar con luces, destelladores, ropa clara y chalecos reflectivos. Estos elementos son fundamentales a toda hora del día para que los peatones y los conductores nos puedan ver. Pero ser visibles también es una práctica de comunicación. Adoptar el hábito de transmitir con tiempo y claridad nuestras maniobras, inclusive las más sencillas, avisar de los obstáculos que percibimos y agradecer con el pulgar si nos ceden el paso aún cuando tengamos derecho, brinda a los otros información precisa sobre nuestra posición e inclusive sobre nuestra disposición. Comunicarse más y mejor con los otros, además constituir un gesto cordial y tranquilizador que será íntimamente agradecido, hace que los peatones y conductores nos vean bien y procesen con más tiempo lo que vamos a hacer. Y en el tránsito, más tiempo es más seguridad.

El derecho a ir un poco más lento

No lo ví

No lo ví

La bicicleta es un vehículo lento aunque si lo medimos en velocidades medias en horas pico, ella puede ser más rápida que todos los vehículos motorizados. Más allá de esto, como vehículo lento, su lugar de circulación es preferentemente el carril de la derecha. ¿Pero cómo? Lo primero es rodar a una distancia cercana al metro y medio de los autos estacionados o del cordón. Esto nos permitirá obtener más espacio de maniobra para evitar cualquier obstáculo que se presente -principalmente las fatídicas puertas de los autos- y nos hará más visibles. La otra gran ventaja de asumir esta distancia es que ello desalentará a muchos automovilistas a que nos pasen “finito”, ya que tendrán que sobrepasarnos cambiando de carril o cuando haya espacio suficiente para hacerlo (resignémonos, a los que le gusta pasar cerca, lo harán igual, estemos donde estemos). !Ah¡ Además es nuestro derecho ya que la ley de tránsito vigente en todo el país señala que en vías multicarriles, el tránsito debe circular por “un mismo carril y por el centro de éste” (art. 45. Inc. b. LEY 24.449).

Más que consejos proponemos cambiar el enfoque de nuestro rodar en el tránsito como ciclistas, pero también como conductores y peatones. El desafío sin dudas es revalorizar el lugar de nuestro cuerpo donde ponemos el casco, también conocido como la cabeza y hacerlo actuar en la marcha cotidiana. No sólo para enjuiciarnos sobre lo que hacemos mal o bien, sino principalmente para entender por qué hacemos lo que hacemos y comenzar a cambiarlo. Y en ese cambio, además de asumir una actitud crítica con nuestros comportamientos y con los de los demás, intentar disfrutar de nuestra estadía en la calle.

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*Una versión de esta nota la publicamos en la revista Ciclismo XXI en la edición de Setiembre de 2013

Wives-on-BikesEsta vez es la vez, no lo pienses más. No se te pasó la hora ni es tarde para aprender a pedalear.

Los domingos 3,10 y 24 de agosto vamos a hacer  tres encuentros para lograr andar en bicicleta. La actividad, como siempre, es libre y gratuita y solo requerirá un poco de compromiso, buena onda y unos mates para combatir el frío. Nos encontramos los tres domingos a las 15.30 en San Martín y Nogoyá, entrada al predio de la Facultad de Agronomía para hacer que el andar suceda.
Si bien tener bici no es obligatorio ni necesario, si algún participante tiene manera de conseguir una para aportar a la jornada, la misma será muy bienvenida. Les pedimos que nos confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com, solo con su nombre. Y si llueve lo pasamos para el próximo domingo.
Nos vemos el 3.
En este link, una crónica de encuentros pasados.

Todas las mañanas la televisión y la radio nos despiertan con la enumeración de hechos viales ocurridos en distintos puntos de nuestro país, en donde los cronistas hacen más hincapié en las demoras en el tránsito que en explicar lo sucedido. Pero, más allá del mar de palabras televisadas ¿es correcto y claro llamar accidentes a todos los accidentes de tránsito?

Cruces

Cruces

Cuando Mónica Gangemi afirma que es fundamental abandonar la palabra accidente para nombrar a los siniestros viales; lo dice desde una experiencia y una convicción muy profunda. Mónica es la madre de Úrsula Notz, una adolescente que perdió la vida en un siniestro vial el 22 de mayo de 2005 y es también la presidenta de la “Asociación Civil Compromiso Vial por Úrsula Notz y Carla Alfaro”; una reconocida ONG de Rosario que trabaja en la prevención y lucha contra toda forma de violencia vial. Como la mayoría de las asociaciones de víctimas de tránsito, señala que “la acción de nombrar estos hechos no es un acto neutral ya que producen efectos políticos y subjetivos”. Comenzar a utilizar colisiones de tránsito, siniestros de tránsito o directamente choques en vez de “accidentes”; es la condición para dejar de percibirlos como hechos fortuitos y reponer la dimensión humana sobre estos sucesos.

Mónica Gangemi también apunta al relevante papel que todos los medios de comunicación deben jugar para cambiar nuestra cultura vial. “Es necesario que los medios de comunicación brinden información completa y contextualizada de los hechos de tránsito cuando suceden, para aumentar el grado de conciencia vial de la sociedad. Los datos por sí solos no interrogan, ni aunque sean datos escalofriantes; por el contrario, el sensacionalismo impresiona y no permite adquirir una actitud reflexiva, que es el primer paso de la concientización vial” señala.

CIelo

CIelo

Otro aspecto importante en la comunicación de los siniestros de tránsito es la necesidad de que los medios de comunicación realicen un seguimiento en el tiempo de la noticia vial. “La pregunta sobre qué pasó con ese hecho, qué sucedió con las víctimas y sus familiares, qué sucedió con él o la responsable y qué características tiene el proceso judicial. Divulgar estos aspectos, muchas veces relegados en la comunicación de la noticia es fundamental ya que amplía la perspectiva y suministra información a otras personas que quizás se encuentran en una situación similar” señala Gangemi. Pero, mientras que por lo general los medios olvidan a la tarde los siniestros viales que informaron a la mañana; son los familiares de las víctimas de siniestros de tránsito y sus organizaciones las que sostienen la lucha por la verdad, la justicia y contra la impunidad de estos hechos.

La Memoria como Prevención

Las Bicicletas Blancas, también conocidas en inglés como Ghost Bikes, son intervenciones urbanas impulsadas a nivel global por colectivos del pedal, junto a familiares y amigos de ciclistas víctimas de un siniestro vial. El objetivo de las bicis blancas es construir un sitio de memoria en el lugar donde un pedalista perdió la vida. Aunque cada bici blanca es una obra única; los memoriales siempre contienen una bicicleta pintada de blanco junto a una placa o foto que recuerda al ciclista y lo que allí sucedió. Estos sitios de memoria son rápidamente apropiados por vecinos y pobladores cercanos, quienes suelen cuidar su integridad y, al igual que muchas de las Estrellas Amarillas presentes en las calles y rutas de nuestro país, se convierten en parte del patrimonio cultural de la ciudad.

Bicicleta Blanca en Posadas, Misiones. Foto Marcos Otaño. Diario El Territorio

Bicicleta Blanca en Posadas, Misiones. Foto Marcos Otaño. Diario El Territorio

La primer bicicleta blanca apareció en la ciudad de Saint Louis (U.S.A.) en el año 2003 y hoy, de acuerdo a los registros del sitio www.ghostbikes.org, existen más de quinientas bicicletas blancas alrededor de todo el mundo. En América Latina se las encuentra en Ecuador, Brasil, México y desde hace unos meses en Argentina, más precisamente en la provincia de Misiones. El 16 de junio de 2013, bajo la consigna ¡¡Ni una bicicleta blanca más en las calles!!, el colectivo ciclista “Usá la Bici, Pedaleá la Vida” de la ciudad de Posadas con el apoyo del bicicletero Héctor Bernal, la gente de A4 Producciones y familiares y amigos, instaló la primer bicicleta blanca de la que tengamos registro en el país.

La bici blanca posadeña recuerda y homenajea al ciclista Juan Ramón Gómez, conocido como “el uruguayo”, quien falleció en enero de ese año en la esquina de Quaranta y Jauretche; esquina que, no por casualidad, ya tiene instalada una Estrella Amarilla. Para Rosana, hermana de Juan, “esta bici blanca significa muchas cosas, él trabajaba en la bicicleta, era su vida, su pasión. Juan estaba comprometido con su carrera, con cuestiones sociales; es como que a pesar de que él no esté, sus ideales siguen, él sigue luchando. También significa tomar conciencia, que la gente vea lo que sucede en la calle”. Juan tenía 31 años, trabajaba y era estudiante de la carrera de comunicación social de la Universidad Nacional de Misiones. Como contó su madre aquel día ante los medios:“Juan vivía en la bici desde pequeño y nunca quiso comprarse una moto. Esta bicicleta blanca también sirve para que la policía y la justicia avancen en la investigación, porque está todo muy lento”.

Foto Miriana Andrés

Foto Miriana Andrés

Las bicicletas blancas no quieren infundir miedo o desesperanza a quienes pedalean diariamente. Por el contrario, tienen la intención de hacer reflexionar a todos los habitantes del universo vial sobre las situaciones de violencia a las que diariamente estamos expuestos y que, en muchos casos, podemos producir. Situar, señalar y reconocer estos hechos es clave para la construcción de una memoria colectiva que nos advierta y nos prevenga sobre las terribles consecuencias que tienen las conductas violentas con el otro en el ambiente vial. Y también son un hito en el permanente reclamo de justicia sobre lo allí sucedido, porque es sólo con justicia que puede obtenerse la necesaria reparación, no sólo para los familiares y amigos de las víctimas de los hechos de tránsito, sino para toda la sociedad.

El ejemplo de muchos de los familiares de las víctimas, que han transformado su dolor en testimonio, en luchas concretas contra la impunidad y en esfuerzos por mejorar las leyes y las instituciones que regulan la convivencia vial, es una inspiración al colectivo ciclista para involucrarse en la construcción de un ambiente vial más pacífico, más seguro y sin impunidad. Para que nuestro diario pedalear, se convierta también en un homenaje sincero a todos los que fueron víctimas de la violencia vial.

Agradecemos especialmente la colaboración de Ana Victoria Espinoza por los testimonios, como a Marcos Otaño y al diario El Territorio de Misiones por las fotografías.

*Una versiòn de esta nota se publicó en la Revista Ciclismo XXI en noviembre de 2013

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1Que estás grandecito para eso de la bici… Que estás crecidita para eso de aprender ahora…Que ya se te pasó la hora, que ya es tarde… Que te encantaría pero… pero…pero…

Este Domingo 9/3 a las 16 nos juntamos en Av. San Martín y Nogoyá para entrar al parquecito y empezar a hacer que el andar en bicicleta simplemente suceda.  La actividad es libre y gratuita, solo requiere un poco de compromiso, buena onda y mate con bizcochos.

Si bien tener bici no es obligatorio, si algún participante tiene manera de conseguir una para usar en la jornada, la misma será muy bienvenida. Quienes quieran participar solo le pedimos que confirmen su participación a ciclofamilia@gmail.com . Y si llueve lo pasamos para el próximo domingo.

Les dejamos una crónica sobre encuentros anteriores, como para ir viendo de que se trata.
https://ciclofamilia.wordpress.com/2012/11/25/un-encuentro-para-salir-andando-3/

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